Era una reunión esperada, una reunión clave para abordar la escalada de quema de coches y contenedores que se está produciendo en nuestra ciudad. De la Junta Local de Seguridad celebrada ayer solo salió una conclusión: se creará un grupo de trabajo para abordar, con distintos actores implicados, esta oleada de sucesos. Como si fuera nueva. No lo es, ni mucho menos. Lo grave de esto es que ya se ha asentado en nuestra ciudad, ya forma parte de los acontecimientos delincuenciales anormales que terminamos normalizando. Entre quienes estaban asistiendo de manera telemática a este foro hay quienes saben perfectamente de qué se habla porque llevan años asistiendo a estos picos de quemas. No hay nada nuevo que estudiar, ni hace falta un grupo de trabajo para analizar algo que lleva produciéndose tiempo por una absoluta dejación. Fijarse ahora un calendario para hablar de las quemas organizadas no es más que poner un parche y despachar la polémica mediática con una nota de prensa que no sirve, en el fondo, para nada. Hará falta recuperar modos de trabajo, grupos policiales que garantizaban el control en las noches y que se conocían al dedillo determinadas barriadas y, nota importante, eran conocidos allí. No hay que debatir, ni reunirse, ni ver esto como algo nuevo que nos ha llovido del cielo. Hay, sencillamente, que resolver las decisiones erróneas que se han adaptado para disponer, de nuevo, de un control en la calle como el que existió y funcionó.
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