Acoger al desamparado, al que no la sociedad le ha dado esquinazo. Darle un lugar al enfermo que no tiene a dónde ir. Es la premisa de la congregación de Cruz Blanca de Ceuta y el pensamiento que aún pervive en el presente. Esta idea ha llevado a una acción social que este martes ha cumplido 50 años de trayectoria.
La entidad religiosa ha celebrado esta mitad de siglo de su aprobación canónica con una procesión, una eucaristía y un acto institucional en la sede de la delegación local. Al evento han asistido representantes de las diferentes autoridades.
A ellos se han sumado las propias trabajadoras del centro vestidas de uniforme. Ellas, motor que hace posible que el día a día de esta labor, han sido imprescindibles en este encuentro social festivo. Luis Miguel Martell, superior general de estos hermanos franciscanos tampoco ha podido perderse la ceremonia. Él ha sido el que, frente al público, ha recordado el verdadero origen de la entidad cristiana y su misión.
Raíces en Ceuta
Ellos están a día de hoy en la ciudad gracias a Isidoro Lezcano, fundador de la Casa Familiar Betania en el Monte Hacho. Él ha sido quien ha dibujado la estela que otros tantos han seguido y que a día de hoy se materializa en la sede localizada en el Sardinero.
Actualmente en todo el país atienden cada año a más de 22.000 usuarios en diferentes ámbitos. Tras las cifras se encuentran personas con discapacidad, personas con trastornos de conducta o con situaciones de dependencia hasta migrantes o víctimas de la explotación sexual.
El padre Martell ha asegurado durante su intervención que la ciudad es un recuerdo para no olvidar las raíces y la esencia de la corporación. “El hermano Isidoro llegó aquí en los años 60. Trabajó en el Monte Hacho como meteorólogo. Desde allí él miraba hacia una casa que había cerca de la ermita de San Antonio”.
Ese lugar que observaba desde la distancia fue su punto de partida de una iniciativa de caridad dirigida a los vulnerables. “Allí es donde él empieza a acoger a personas que eran dadas de alta, pero que no tenían a dónde ir”, ha comentado.
Soluciones
“Se decía por aquel entonces que eran incurables. Resulta que tienen un tratamiento, aunque sea un poco más complejo por su diagnóstico. Cuando uno es consciente de esa realidad y está atento a ella, hay que poner soluciones, no vale solo con quejarse”, ha expresado.
Asimismo, desde su perspectiva, Ceuta es un reflejo de las circunstancias con las que se topan en su día a día en otras partes del país, en especial, en relación a los migrantes. “Hoy se multiplica en muchas situaciones que atendemos en España, ya sea en Canarias o en la Península”, ha mencionado.
“Esta ciudad siempre es para nosotros un referente. Venir hasta aquí es volver a recordar los orígenes, lo cual es muy positivo”, ha resaltado. “No se puede entender la historia de los hermanos franciscanos de Cruz Blanca sin lo que es esta población. Es regresar al inicio”, ha explicado.
Él mismo estuvo durante un periodo de tiempo por la zona. Toda esa experiencia le ha dado, sobre todo, vivencias para guardar en la memoria y personas hacia las que siente cariño. Destaca, entre todas ellas, a un usuario. “Este señor llegó en un barco como tantos otros por una enfermedad compleja. Se quedó aquí. No se hicieron cargo de él. Estuvo en el hospital mucho tiempo, le dieron de alta y vivió en playas hasta que llegó a nuestra casa. Vino en unas condiciones muy lamentables. Hoy podemos decir que forma parte de nuestra familia y que es un ser humano entrañable”, ha incidido.





