Con el objetivo de proteger la economía doméstica y garantizar el acceso de sus ciudadanos a alimentos básicos, Marruecos ha optado por paralizar de forma indefinida sus exportaciones de tomate hacia los mercados africanos y restringir parcialmente los envíos destinados a Europa. Así lo ha dado a conocer la Agencia de Noticias EFE.
La medida, que se considera drástica, responde a una escalada de precios sin precedentes en el mercado local.
De acuerdo con el reporte de EFE, en el transcurso de la última semana, el coste del tomate en las ciudades marroquíes llegó a alcanzar los 15 dirhams por kilo (aproximadamente 1,4 euros), una cifra inasumible para gran parte de la población.
La orden de restricción ha sido ejecutada concretamente por la Agencia Independiente de Control y Coordinación de Exportaciones, organismo vinculado al Ministerio de Agricultura marroquí.
No obstante, fuentes de la Federación Interprofesional de Fruta y Legumbres (FIFEL) han asegurado que la decisión no fue unilateral, sino que se alcanzó mediante un consenso entre las autoridades y las asociaciones de exportadores para permitir un ajuste gradual de los precios.
Los resultados de esta intervención comenzaron a notarse casi de inmediato. Y es que en puntos de venta estratégicos, como el centro de la capital, Rabat, el precio del kilo de tomate descendió de los 14 dirhams registrados anteriormente a los 11 dirhams (aproximadamente 1 euro) tras el anuncio de las restricciones.
EFE ha señalado que la importancia de esta decisión radica en el volumen de negocio que representa el sector para el país.
Según datos de la plataforma Trade Map, durante el año 2024, Marruecos exportó más de 767.000 toneladas de tomate fresco, lo que supuso unos ingresos cercanos a los 975 millones de euros.
El destino de estos productos es principalmente el mercado europeo:
Dada esta dependencia, cualquier restricción parcial en las rutas hacia Europa genera una gran incertidumbre entre los socios comerciales extranjeros.
A pesar de la efectividad inmediata para bajar los precios en las tiendas locales, el sector exportador ha mostrado su preocupación por las consecuencias a largo plazo. Desde la FIFEL advierten que el incumplimiento de los compromisos contractuales con socios en África y Europa podría dañar seriamente la reputación del país como proveedor fiable.
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