Puede resultar contradictorio que mientras el Estado vende a bombo y platillo sus medidas para erradicar la crisis, los ciudadanos se las ven y se las desean para llegar a final de mes, en el mejor de los casos o para 'subsistir' cuando ya ni siquiera queda la ayuda por desempleo. Y esta es, precisamente, la situación en la que se pueden haber visto ex internos del centro penitenciario de los Rosales que, en la década de los 70 cumplieron condena por tráfico de estupefacientes y ahora, más de 30 años después han visto en la reincidencia una manera de sobrevivir. Son ciudadanos ya rehabilitados y reinsertados en la sociedad que, tras la caída del sector de la construcción, tal vez no han contado con otra alternativa para llevar un plato de comida a la mesa. ¿La crisis está derivando en delincuencia? Tal vez, y esto es sólo el principio.





