Hay muchos frentes interesados en convertir la normalización de relaciones entre España y Marruecos en una afrenta, en hablar de venganzas y en enturbiar cualquier mínima posibilidad de llevarse bien con el vecino. Un llevarse bien que no es sinónimo de entreguismo, ni de promarroquí. Más bien lo contrario, es sinónimo de la gestión diplomática más acertada que ha podido llevarse para que ambos países dejaran de tensionar una cuerda que se iba a romper por Ceuta o por Melilla. El anuncio de la prórroga del cierre de fronteras hasta el 15 de mayo no cambia nada sobre los planteamientos conocidos desde que, ya sí, se dejó claro que Tarajal, como los pasos de Melilla, abrirían tras el Ramadán. De ahí, ha llegado un intento por concretar fechas y un trabajo complicado no solo en cuanto a la aceleración de las obras sino también en relación a las gestiones para normalizar la situación de cuantiosos transfronterizos que siguen a uno y otro lado del paso con un futuro laboral incierto. Abrir una frontera cerrada durante más de dos años implica mucho, y ese mucho nada tiene que ver con la postura simplista con la que algunos interpretan la situación ni con la tendenciosa y crítica con la que determinadas formaciones políticas aprovechan cualquier novedad para jugar, de nuevo, a los asustaviejas y al renacer de los traidores.
Ni Marruecos ni España, ni España ni Marruecos se pueden permitir un clima de enfrentamiento, ni una crisis abierta, ni otro nuevo escenario convulso. Habrá diferencias y habrá choque de planteamientos porque, lo contrario, sería el más absurdo ejemplo de una relación entre dos países con sistemas políticos opuestos.
Podemos seguir con los planteamientos reduccionistas de considerar que Ceuta tiene futuro mirándonos al ombligo y recordando los tiempos gloriosos de otras épocas de aislamiento o podemos apostar por una senda en la que, sin dejar la crítica a un lado ni tampoco la condena de los comportamientos que se salgan de lo que un país democrático puede aceptar y consentir, se tenga como meta la amplitud de miras más allá de fronteras y de un Estrecho que en vez de aislar puede suponer una mayor unión. Los de siempre seguirán hablando de traiciones, de chantajes y de todas esas cosas. Sostener esos planteamientos sobre fundamentos falsos solo tienen una consecuencia: que se derrumban antes de que les dé tiempo a inventarse otra nueva cortina de humo.







Doña Carmen, me gustaría pensar como usted afirmando que Ia botella está medio llena pero lamentablemente pienso que está medio vacia. Ojalá me equivoque.