Hoy, al llegar el momento de tu jubilación, quiero tomarme un instante para honrar no solo tu carrera, sino también el corazón y el alma que has puesto en cada paso de este camino.
Has sido mucho más que una trabajadora social: has sido una guía, una voz de aliento, un refugio para quienes más lo necesitaban. Tu compromiso, tu empatía y tu incansable dedicación han dejado una huella imborrable ben tantas vidas, incluida la mía.
No es fácil despedirse de alguien que ha hecho tanto bien en silencio, sin buscas reconocimiento, con la fuerza y amor por el prójimo que siempre admiraré. Te llevas contigo años de historias, desafíos superados, sonrisas devueltas. Pero lo más valioso que dejas es el ejemplo: el de una profesional íntegra y una persona de gran humanidad.
Te deseamos una jubilación llena de paz, alegría y tiempo para ti. Te mereces cada instante de descanso, cada nuevo amanecer sin prisas, cada momento con tus seres queridos.
Gracias por todo lo que diste. Te vamos a extrañar mucho, pero también celebramos contigo esta nueva etapa que comienza.






