Las certificaciones las recogerá el ente público y además se cambiará el sistema de limpieza.
La consejera de Educación, Mabel Deu, y los directores de tres centros educativos de la ciudad, concretamente los del García Lorca, Andrés Manjón y Príncipe Felipe, se reunieron ayer con la intención de abordar el asunto de la limpieza y buscar soluciones al mismo. Según pudo saber este medio, una de las principales conclusiones que sacaron del encuentro fue que la mayoría de los centros escolares se quejan de la limpieza de los cristales. La otra gran conclusión derivó en un compromiso por parte de la Consejería, que aseguró que exigirá a la empresa que comience a limpiar los colegios con todo el equipo a jornada completa ocho días antes del comienzo de las clases cuando haya habido unas vacaciones largas (verano) y cinco días antes del inicio de las clases cuando se haya tratado de unas vacaciones cortas (navidad y semana santa). De esta forma se evitarán situaciones como las que se han vivido durante este último inicio del curso escolar. Según fuentes de la reunión, desde el Ejecutivo Local habrían asegurado que si no se cumpliera con esta exigencia no se les pagaría el trabajo que hubieran realizado.
Por último, y como principal novedad, las partes reunidas acordaron que las actuales certificaciones de limpieza que tienen que firmar los centros para dar fe del estado de los mismos las va a gestionar, tramitar y recoger la propia Consejería de Educación. Hasta ahora esta labor la venía realizando la propia empresa que prestaba el servicio, lo que había levantado ya alguna que otra suspicacia. Por ello, y a propuesta de los propios directores de los colegios, esta responsabilidad pasará a ser de la Consejería, evitando así cualquier incidencia con las mismas que pudiera producirse y creando un canal de comunicación mucho más directo con los responsables locales. “Se trata de una fórmula muy adecuada para abordar la problemática que hemos venido denunciando”, explicó uno de los directores.
De esta forma se intenta poner fin a una problemática que, según los propios intervinientes, se lleva padeciendo tres años.





