Al escuchar la palabra ‘residente’, la primera imagen que llega a la mente es la de un médico en formación. Sin embargo, tras este término se encuentran los enfermeros que también se instruyen para especializarse. Antes de acceder a un centro, ya sea de Ceuta o de otras ciudades, los aspirantes deben ir a examen.
Recientemente se ha celebrado el test que abre o cierra la puerta hacia este aprendizaje. Dentro de este maremágnum de participantes se encuentra una ceutí que se ha puesto a prueba para alcanzar su sueño.
Dispuesta a dar lo mejor de sí misma, se subió a su coche y se fue hasta Sevilla. “No estuve nerviosa hasta que llegué y vi la magnitud de aquello”, remarca. Al finalizar se sintió “muy aliviada”. La joven, que prefiere mantenerse en el anonimato, admite que no se lo “preparó a consciencia” a raíz de sus circunstancias.
Presión y sensaciones
A pesar de ello, sabe con certeza que “iba con base”. Sus sensaciones son positivas, aunque reconoce que “la presión de hacerlo bien siempre pesa”, expresa. “No me pareció difícil, pero sí muy largo”, destaca.
La razón por la que la futura residente no ha ido más formada tras cuatro meses precisamente ha sido por la dificultad de compaginar la actividad laboral con el estudio. “He tenido mucho trabajo”, ha reconocido.
Es cierto que no ha llegado al examen con todas las armas posibles para superarlo. Sin embargo, tras terminar, supo que le había salido “mejor de lo que esperaba”. La razón que la ha conducido a esta prueba es su deseo de ser enfermera pediátrica.
Un desafío
Su intención es instruirse en esta rama, pero no descarta contemplar otras opciones en Ceuta si no le da la nota para entrar a alguna plaza de la especialidad. “Si me da, por supuesto que no. Aquí solo se dispone de unidades docentes en obstetricia y en enfermería del trabajo”.
No fue fácil ni tampoco un mal trago someterse a este reto para ser residente. Define la experiencia de forma positiva. “Me resultó desafiante. No me causó ansiedad ni estrés muy intenso”, narra. “Ir con tranquilidad me ayudó a gestionar bien el tiempo dedicado a cada pregunta y a clasificar las que podía responder de inmediato de las que necesitaban razonamiento.
“Fue útil para, en general, no fatigarme ni perder la concentración”, concreta. “No me resultó difícil gracias a esa calma, pero reconozco que si uno se dedica a ello como debe, es un proceso muy demandante que lleva a renunciar a muchas cosas”, subraya.
Estrategia
Las cuestiones formuladas sobre el papel le parecen “correctas” y “acordes con el nivel de exigencia que se pide”, sobre todo, si se tiene en cuenta que “es la puerta de acceso a la formación especializada”.
La estudiante considera que, para salir bien parado, es clave tener una estrategia. “Es importante llevarla. Saber cada cuanto se va a hacer un parón, cuántas vueltas vas a darle al examen y qué categoría vas a asignar a las preguntas, en concreto, si son sencillas, si son posibles aciertos o hay que descartarlas”, explica.
Aunque en inicio parezca que no es necesario, ayuda a organizar mejor la prueba. “Son tantas que el cerebro se cansa. Se llega al punto de que no se comprende lo que se lee. Es imposible conservar la atención de forma sostenida durante tantas horas”, detalla.
Cambios
Tras superar el reto para ser residente, le queda esperar al anuncio del resultado y ver con qué cartas juega para empezar su EIR. La residencia en enfermería tiene un recorrido menor al de medicina, que lleva vigente muchos años.
Sin embargo, cada vez esta titulación gana más impulso. A pesar de que se ha evolucionado en este campo, la joven cree que aún es preciso progresar. “El cambio principal que debería darse es el aumento de la especialización de la profesión”, ha indicado.
Plantea que dotar a los sanitarios de este ámbito es un seguro para evitar ser “multitarea” e ir de un servicio a otro. “No deberían seguir permitiendo y normalizando trabajar hasta en tres y en cuatro áreas diferentes en el mismo mes”, remarca.
“Se necesitan más especialidades y que las mismas sean reconocidas para optimizar al máximo el desarrollo de las funciones de las enfermeras”, asevera. A su juicio en el presente no hay suficientes plazas y ramas.
A pesar de que es un proceso difícil, esta ceutí invita a otros enfermeros que estudian el grado a hacer el EIR. “Es un camino duro si le pones empeño, pero el resultado es satisfactorio. El tiempo invertido en formarse y en ser mejor en lo que a uno le gusta nunca es tiempo perdido”, concluye.






