La declaración del inspector encargado del “Caso Kitchen” no puede dejar a ninguna persona decente indiferente. Oír del propio investigador que tenía que entrevistarse con el juez del caso en privado para evitar intromisiones, que fue objeto de seguimientos, que le ofrecieron destinos mejores remunerados y que dejaron su departamento con pocos policías al ofrecerles mejores destinos es muy deprimente para los que todavía creemos un poco en el sistema.
Como descorazonador es que RM. Rajoy no tuviera conocimiento de todo lo que pasaba alrededor del caso y, por supuesto, que las señoras Sáez de Santamaría y Cospedal, mucho menos, a pesar de las reuniones que tuvo con el innombrable comisario. Sin embargo, más alarmante es que la ministra de Defensa y responsable del CNI se enterara por la prensa, igual que su antigua amiga, la vicepresidente del Gobierno.
Ese es el nivel moral y de incapacidad de unas personas que tenían la responsabilidad de dirigir el país. En esas manos estábamos “gente que no se entera de nada” sólo de cobrar a fin de mes. Siendo generoso, este es el resumen viendo las declaraciones de M.RAJOY y sus ministras, ambas abogadas del Estado. Una pena tanta incompetencia
Los ciudadanos van perdiendo poco a poco la confianza en las instituciones sobre todo cuando se destapan tramas donde aparecen intereses políticos. Una trama donde la cúpula del Cuerpo Nacional de Policía de su momento estaba más interesada en proteger a los presuntos delincuentes que dotar de medios a los honrados policías que les tocó la difícil tarea de la investigación.
En aquel entonces, la cúpula estaba más interesada en destruir la información sensible del extesorero del partido que de defender los valores democráticos que como funcionarios habían jurado. Pero más allá de las responsabilidades individuales de los policías implicados y la utilización de la policía, nuestra policía en interés oscuros, debemos preguntarnos: ¿Qué mecanismo han implementado para que esto no vuelva a suceder? Ninguno, puede ser la respuesta.
La inmoralidad percibida en el proceso provoca en los ciudadanos dudas sustanciales sobre de principios fundamentales como la neutralidad y transparencia cuando se actúa contra políticos, altas esferas del Estado o la propia policía y, en el caso que nos ocupa, las dudas son más que razonables provocando una alarma social más que evidente, porque los ciudadanos notan una “doble vara de medir” cuando los delincuentes son policías o políticos.
Una doble vara de medir que también tienen los partidos políticos que son incapaces de señalar a los responsables de tanta incompetencia y corrupción cuando han tenido cargos en el partido y, en esta cuestión, coinciden todos los partidos políticos. Es en lo único que parecen coincidir.
En definitiva, el caso Kitchen, no es solo un episodio de presunta corrupción, es además, un síntoma de debilidad manifiesta de las instituciones del Estado cuando el poder político tiene que ser investigado y, esa debilidad manifiesta en este y otros casos similares, refleja que deben reforzarse los mecanismos para que la investigaciones sean limpias y, por supuesto, proteger y apoyar a los investigadores en todos los sentidos para evitar episodios tan desagradable como los narrados por los investigadores y testigos en estos casos.
No se trata de ser de izquierdas o derechas, se trata de ser decente o un indecente, de no traicionar a tu país, de justificar con excusas comportamientos tan deleznables.






