La prisión de Mendizábal ha sabido conjugar durante toda esta pandemia la complicada combinación del extremo cuidado sanitario para evitar la aparición de brotes y la atención tan especial que hay que dar a un colectivo como el de los presos. Lo ha conseguido, y eso que resulta complicado. Y lo ha hecho con nota, siendo una de las pocas cárceles en las que el blindaje ante el virus ha funcionado sin que se haya registrado un solo brote. La dirección y los funcionarios de la cárcel han sabido sortear un periodo complejo que ahora empieza a registrar las primeras medidas algo más relajadas, sin olvidar que la pandemia continúa. Así, han vuelto ya este mes los vis a vis, las salidas de permiso y se han recuperado talleres, formaciones y actividades. Un revulsivo importante para los presos y para sus familias, una apertura a cierta libertad en cuanto a las medidas menos duras, en sintonía con lo que ya se aplica fuera del ámbito penitenciario. Camina así Mendizábal hacia esa normalidad aspirada por todos tras dos años de auténtica pesadilla. Es de resaltar el trabajo importante que se ha hecho por parte del colectivo de funcionarios y de la propia dirección por conseguir un equilibrio envidiable, manteniendo a la población reclusa protegida en unos momentos en los que el miedo era general y en donde había que ser especialmente atentos con quienes tienen que cumplir medidas privativas de libertad para garantía tanto de ellos mismos como de sus familias. No todas las cárceles pueden presentar este cartel, de ahí que el reconocimiento a la gestión aplicada en Ceuta sea una evidencia más que necesaria de publicitar.






