Fatima Zhora Zaidi es otra de las niñas marroquíes que entró en Ceuta el pasado mayo engañada por esa campaña de falsedades promovida para hacer que miles de adultos y niños cruzaran los espigones de Tarajal y Benzú. Esta menor de 17 años bordeó este último, dejando en Beliones a sus padres y cuatro hermanos más. Ahora cuenta los días para regresar con su familia, mientras vive en uno de los “barracones cerca de la prisión”, explica su madre en una entrevista con El Faro de Ceuta, refiriéndose al albergue de Piniers.
Fatima estaba en Beliones, acababa de salir del colegio cuando llegaron las informaciones de que todos podían ir a España. Y todos fueron: adultos, familias enteras y muchos niños como ella, movidos por lo que hacía “todo el mundo”. Era como una locura que todos seguían, un llamamiento a cruzar a este lado como si en Ceuta todo cambiara. Fatima se encontraba por la zona de la playa cuando entró, también hizo lo mismo su hermano pequeño, de 13 años de edad. Este, a diferencia de Fatima Zhora, ya está en casa con sus padres, porque fue devuelto con entre 20 y 40 niños más. Lo fue sin presencia de adultos, sin acompañamiento, sin cumplir todos esos protocolos.
Fatima Zhora estuvo primero en las naves y después ha pasado a este albergue junto a cientos de niños y niñas más. Ella quiere volver a casa y sus padres quieren que vuelva, pero de nuevo la burocracia lo impide como con al menos una decena de menores más, la amplia mayoría chicas. Sus progenitores no pueden acercarse a la frontera porque la Policía no les deja y el Área de Menores no entrega a esos niños si no es directamente a sus padres. Y así pasan los días sin que se produzcan reagrupaciones.
“Vamos a Ceuta”, le dijeron a esta adolescente. Y engañada vino. Desde hace cuatro días su madre nada sabe de su hija, con la que a veces consigue hablar por teléfono en conversaciones que terminan con la angustia de una menor que narra que solo quiere volver a su hogar. Esa espera se torna en una auténtica tortura para madre e hija, pero además es el más claro reflejo del engaño: el rey Mohamed VI declaró que daba órdenes para que todos los menores volvieran al país pero, incongruentemente, ordena a su Policía de fronteras que los progenitores no lleguen a Tarajal para recoger a los niños. Ceuta sigue manteniendo a más de mil menores y los pocos que quieren irse siguen atrapados destrozándose familias enteras.
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