La noticia adelantada por el periodista Ignacio Cembrero sobre la decisión del Gobierno de vetar la visita de los reyes a Ceuta y Melilla debería haber provocado una cascada de reacciones similar a la gravedad de la información. Muy al contrario, ha pasado desapercibida incluso para los ‘asustaviejas’ que han optado por irse de vacaciones. En otros tiempos, hechos de este tipo habrían provocado una auténtica revolución política, al menos a nivel local, que es donde todavía escuecen estos gestos. Ahora ya ni eso.
La visita que están haciendo los reyes por distintos puntos del país lleva incluso una carga mayor, al ser encuadrada en una especie de agradecimiento a la sociedad española tras la crisis del coronavirus. Por eso, al desplante real se les suma una connotación sentimental extra. Sorprenden los silencios cuando somos capaces de rasgarnos las vestiduras por temas menores y cuando los partidos se arrojan los trastos a la cabeza por nimiedades. Sobre esto han preferido callar, claudicar tiñendo de normalidad esa situación descafeinada que nos ha acompañado históricamente y que no hace sino alimentar los también históricos miedos manejados a su antojo e interés por determinados partidos.
Zarzuela generó una crisis confirmando primero la visita de los reyes para, poco después, jugar al ‘ni confirmo, ni desmiento’ pero sí amparar o dar calor a determinadas publicaciones que negaban siquiera una confirmación previa. Suele ocurrir, hay determinados medios que publican más las obsesiones con otros periódicos que su propio trabajo. Ha ocurrido siempre en esas sorprendentes desviaciones de los caminos periodísticos.
Tenemos precedentes de cómo reacciona Marruecos cuando España invade lo que el vecino país sigue considerando ‘sus competencias’. Y sobre Ceuta y Melilla, las reclamaciones soberanistas continúan aprovechándose siempre de la fragilidad de un discurso político que permite gestos de este tipo y que ha conseguido hipnotizar ya al resto porque, sinceramente, a nadie le importa ni los gestos, ni los desprecios ni los desplantes. Ni siquiera para quedar bien.







Lo que no se entiende es la reacción de los partidos políticos, Ceuta se pone paras arriba, incluso convocan un pleno extraordinario por el tema de los Borregos, en este caso la suspensión de la visita pasa desapercibida, cuando alguien debería llamar a Moncloa y pedir explicaciones, convocar un pleno extraordinario, incluso convocar una manifestación, porque el desplante es evidente y claro, en este caso más que nunca, la suspensión SIGNIFICA QUE XEUTA NO ES ESPAÑA, cuando se cede en estos términos uno ya le queda poco margen de duda, sobre todo el sospechoso silencio de la extrema derecha, j. Vivas y Delegación, estamos vendidos y para patriotas los INGLESES, esos si que defienden cualquier trozo de tierra este donde este, como si fuera un distrito de Londres, ESPAÑA es un país en decadencia