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Un Ángel viene a verme

Por Carlos Antón Torregrosa *
15/06/2024 - 04:15
Imagen cedida

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No es un Ángel cualquiera el que viene a verme, es Ángel Rodríguez: compañero, amigo, colega, confidente, melómano, biólogo, buen conversador, excelente consejero sin pretensiones de convencerte de nada. “Hagas lo que hagas estará bien”, solía apostillar en tiempos de tormentas.

De apariencia tímida en ocasiones pero con un sentido del humor irónico e inteligente. Conocedor ávido de la zoología siempre buscaba en un diccionario para verificar su calidad, el término aye-aye (el primate nocturno más grande).

Crítico y pesimista en sus análisis sobre la política, la educación, la sociedad y con circunstancias a las que tenemos que enfrentarnos todos los días, prefería pasar a otros asuntos intentando no polemizar cuando la realidad se aleja de la razón.

Ángel es ordenado hasta el extremo, metódico, precavido, planificador; no dejar cabos sueltos, inseguro de su seguridad y decidido cuando hay que tomar decisiones aunque antes haya estudiado todas las posibilidades. Este Ángel me enseñó a volar, a valorarme, a enfrentarme a mí mismo, a descubrir simas insondables cuando el niño herido que dejamos de ser nos pide ayuda para salir a flote.

Nos conocimos en un instituto de San Fernando y me atrapó su forma de ser, su forma de hablar, su forma de decir las cosas, su fortaleza en las ideas que defendía, su sentido de la amistad, su respeto a lo diferente, su trato cordial hacia los otros y, sobre todo, esa bondad cautivadora e hipnótica en la que regresas a lo que fuiste una vez “en los bastos jardines sin aurora de Cernuda”.

Compartimos piso algunos años en San Fernando; él preparaba un almuerzo saludable, una dieta cuidada y equilibrada, yo me encargaba de las cenas opíparas, cuidadas, apasionadas por el comensal que vendría del instituto de su horario nocturno.

En el sofá y con la luz nocturna aprendí a escuchar música, a descubrir melodías, a recorrer épocas y estilos distintos: The Killers (Forever young), Vangelis (oceanic), Tino Casal (Eloise), Tubular Bells, (Mike Oldfield). Dos conciertos que nunca olvidaré: Franco Batiato y Aute, Sevilla y Jerez. La música se convirtió en un lenguaje sin palabras, sin gramática, sin vocabulario, un tipo de esperanto universal. Salíamos algunos viernes a cenar con los compañeros; solíamos ir a la gallega: pulpo, tortilla, empanada, Riveiro.

La noche que detuvieron a Pinochet en Londres nos volvimos locos de alegría brindando hasta la extenuidad brindamos; nos abrazamos, gritamos consignas contra el dictador, nos importaron un comino todas las mesas del restaurante.

Comenzamos a Alquilar casas de turismo rural, hacer rutas, andar por el monte. Viajar a Madrid, Praga, Amsterdam. Le dieron destino en punta Umbría pero seguíanos viéndonos algunos fines de semana hasta que volvió de nuevo a Cádiz. Luego el destino me trajo a Ceuta; África San Fernando, San Fernando, África. Los atardeceres en las playas de Campo Soto, la punta del boquerón, el castillo de Santi Petri, el barrio de la Viña, la caleta, el Mentidero, la Alameda.

Pintamos los paisajes con instantes, con miradas, evocando aquel día, aquella tarde, aquella noche, aquella discusión desacalorada sobre cualquier asunto. Todo cambia, nada es para siempre, retener el tiempo es como querer atrapar el mar o paralizar las olas. Y así, ya distanciados, seguimos sabiendo el uno del otro e intentamos que el otoño nunca se vuelva invierno.

Hoy espero a Ángel en la Estación Marítima, hacía 10 años que no pisaba África. Mi perra Abby será la anfitriona, la mujer dormida, el Hacho, el Desnarigado, la cárcel de mujeres, el poblado de Benzú, el mirador de Isabel Segunda, las pavanas poniendo de blanco el azul del cielo. Y así volveremos sin nostalgias, sin nudos en la garganta, sin proyectos, sin prisas, sin premuras, sin desasosiegos.

Dos días darán para mucho aunque antes no daban para nada. Un ángel viene a verme y cuando vuelva a desplegar las alas sabré entender que el presente se hace de pasados que siguen con nosotros, son semillas que se convirtieron en árboles de ramas fuertes y raíces profundas.

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