Una de las personalidades más interesantes de la historia de Ceuta en el siglo XV es sin duda D. Duarte de Meneses, una figura destacada en la historia de la expansión portuguesa, aunque, curiosamente, es una figura histórica poco conocida entre los habitantes de Ceuta. ¿Quién era, pues, este D. Duarte de Meneses? Según Gomes Eanes de Zurara, en su Crónica do Conde D. Duarte de Meneses, D. Duarte era hijo ilegítimo de D. Pedro de Meneses con “huma moça nobre” de su casa (Capítulo III). Tras la conquista de Ceuta y los asedios de 1416, 1418 y 1419, el capitán de Ceuta, D. Pedro de Meneses, ya viudo de su primera esposa, obtuvo permiso de D. João I para llevar a su hijo a la ciudad del Estrecho.
Fue, por tanto, desde temprana edad que el joven Duarte comenzó a acompañar a su padre en las peligrosas cabalgadas que los portugueses realizaban fuera de las murallas de la ciudad, en territorio hostil. Educado en un ambiente de guerra permanente y rodeado por la guarnición cristiana que defendía la ciudad de Ceuta, D. Duarte tuvo la ventaja de obtener una sólida formación militar adquirida empíricamente, en un teatro de operaciones marcado por condiciones exigentes.
Nombrado caballero en 1429, con tan solo 15 años (Capítulo IV), le tocó a D. Duarte de Meneses la tarea de capitanear la ciudad del Estrecho entre 1430 y 1434, periodo durante el cual su padre estuvo ausente en Portugal.
Uno de los episodios protagonizados por D. Duarte de Meneses, que no ha sido debidamente reconocido por la historiografía luso-hispano-marroquí, fue la destrucción de Tetuán en 1437. Cabe señalar que, según la historiografía española, fue Enrique III de Castilla quien destruyó Tetuán en 1400. Sin embargo, como bien señaló el historiador Guillermo González Busto, esta teoría constituye un “error histórico”, puesto que el objetivo atacado por los castellanos era el puerto costero y no Tetuán. De hecho, un simple análisis de la geografía del norte de Marruecos indica claramente que las incursiones de la caballería portuguesa al sur de Ceuta se topaban invariablemente con el castillo de Tetuán, que constituía un obstáculo para la libertad de movimientos de la guarnición militar de Ceuta.

En efecto, la hegemonía terrestre y marítima impuesta en el territorio por el capitán D. Pedro de Meneses estaba condicionada por esta fortificación, erigida estratégicamente a unos 8 km de la desembocadura del río Martín. Cabe señalar que la ubicación de Tetuán ya había sido mencionada en el siglo XII por el geógrafo Al-Idrisi, quien situó esta ciudad fortificada a poca distancia de Ceuta, en un terreno llano a cinco millas del Mediterráneo.
La Crónica do Conde D. Pedro de Meneses, al narrar una entrada realizada por D. Duarte de Meneses contra Tetuán en 1435, se refiere a ella como un “lugar cercado de muros, e Torres, e em que avia Castello de Menagem, e Fronteiros”. En esa ocasión, aunque la “Villa” no fue conquistada, los portugueses “tam ácerca chegarom das portas, que derom em ellas com o conto das lanças” (Cap. XXV). Sin embargo, los planes de la monarquía portuguesa para conquistar Tánger brindaron una oportunidad propicia para que el entonces capitán de Ceuta, D. Pedro de Meneses, demostrara el valor de su hijo D. Duarte eliminando el obstáculo que representaba el castillo de Tetuán. Zurara, en un discurso tan especulativo como emotivo, recoge los argumentos esgrimidos por el padre moribundo, preocupado por el futuro de su hijo ilegítimo:
“Que tu faças alguma cousa per ti, per que cobres algum louvor (…) poderá ser que cobrando os Infantes a Cidade de Tangere, que te encarregaram della , ou desta Cidade por meu fallecimento, aqui arredor nom ha cousa pera cometer senaõ o Castello de Tituaõ, vai sobr’ elle, e creio, que o tomarás, e porás nelle alguma gente, que o defenda, até que os Infantes venham, ou o destruirás; caa de qualquer cousa que faças, de todo te vem honra” (Cap. XXXIX).
Así fue como, en 1437, día del Corpus Christi, D. Duarte de Meneses partió de Ceuta con la caballería, al amparo de la noche. La infantería, embarcada en fustas, desembarcó en Porto d’Alminhacar, donde las fuerzas portuguesas se concentraron hasta la llegada de su comandante. Tras reagruparse, las tropas portuguesas partieron, precedidas por exploradores que las seguían. La guarnición de Tetuán, sin embargo, estaba en alerta. No solo tenían noticias de las intenciones portuguesas contra Tánger, sino que sus tropas también espiaban el Porto d’Alminhacar, temiendo un ataque de los cristianos.

En efecto, la reagrupación de las fuerzas portuguesas se habría notado por los “atalaias” moros, que rápidamente alertaron la guarnición fronteriza de Tetuán, quienes abandonaron el castillo de inmediato. Zurara nos cuenta que solo dos hombres se quedaron para cerrar las puertas desde dentro, escapando después por encima de las murallas usando cuerdas. D. Duarte, al encontrar Tetuán abandonada y ver que no tenía forma de fortificarse allí, ordenó destruir e incendiar todo, y luego regresó a Ceuta.
Cabe destacar que las ruinas de Tetuán siguieron siendo utilizadas ocasionalmente como campamento por las tropas portuguesas durante sus incursiones en el norte de Marruecos. Asimismo, León el Africano menciona la destrucción de Tetuán por los portugueses, tras visitar la ciudad después de la muerte de Al-Mandari, su reconstructor y repoblador. En cuanto a D. Duarte de Meneses, recibió el título de tercer conde de Viana do Alentejo y se convirtió en capitán interino de Ceuta tras la muerte de su padre en 1437. Su valor fue reconocido por la monarquía portuguesa, y posteriormente se convirtió en el primer capitán de Alcázarseguir (Ksar Sghir) tras la conquista de esta fortaleza en 1458, siendo nombrado segundo conde de Viana do Caminha, en 1460.
Falleció en 1464, sacrificando su vida para proteger al rey Alfonso V en la sierra de Benacofu, cuando el monarca se trasladó al norte de Marruecos. Sus hazañas bélicas quedaron inmortalizadas en la Crónica do Conde D. Duarte de Meneses, escrita poco después de su muerte. Su tumba se encuentra en la iglesia de San Juan de Alporão, en Santarém.
Fernando Pessanha
Historiador
Traducción: Juan Villegas Martín






