Ceuta volvió a hacer de la convivencia su principal carta de presentación. El Teatro Auditorio del Revellín acogió este jueves la entrega del Premio Convivencia 2026 al escritor y pensador Amin Maalouf en una ceremonia solemne y profundamente simbólica que reunió a representantes institucionales, autoridades civiles y militares y una amplia representación de la sociedad ceutí.
La vigésima edición del galardón convirtió durante esta tarde al Revellín en un espacio de reflexión sobre el diálogo entre culturas, la identidad compartida y la necesidad de preservar la convivencia en un contexto internacional marcado por la polarización, los conflictos y los extremismos.

"Aquí están todos, aquí estamos todos"
La gala ha comenzado con la intervención del periodista Germinal Castillo, encargado de conducir el acto, quien abrió la ceremonia con una presentación cargada de referencias literarias y mensajes humanistas. Castillo ha definido a Maalouf como “una referencia imprescindible frente a la intolerancia, el fanatismo y el populismo” y ha agradecido al autor “tanta luz en tiempos de tinieblas”.
Durante el acto se proyectaron tres piezas audiovisuales que sirvieron para contextualizar el significado del Premio Convivencia y la figura del galardonado.
La primera realizó un recorrido por las veinte ediciones del premio a través de imágenes de las distintas ceremonias y de algunas de las personalidades distinguidas a lo largo de estas dos décadas.
La segunda estuvo dedicada a la trayectoria de la Fundación Premio Convivencia y a las numerosas actividades culturales, educativas y sociales que impulsa en favor del diálogo intercultural y el entendimiento entre comunidades.
La tercera, centrada en Amin Maalouf, repasó tanto su biografía personal —marcada por el mestizaje cultural y la experiencia del exilio— como su trayectoria literaria e intelectual, mostrando cómo ambas confluyen en una obra profundamente vinculada a la reflexión sobre la identidad, la convivencia y los conflictos del mundo contemporáneo, desde sus raíces libanesas hasta su marcha a Francia tras el estallido de la guerra civil en el Líbano.
La ceremonia ha avanzado con las intervenciones de la consejera de Educación y Cultura, Pilar Orozco, y del presidente de la Ciudad, Juan Vivas, ambos centrados en reivindicar a Ceuta como ejemplo de convivencia entre culturas y religiones.
La escenografía también tuvo un marcado carácter simbólico, con una réplica de la Puerta Califal presidiendo el escenario como representación de la historia compartida de Ceuta y de su condición de cruce de caminos.
El público siguió con atención una gala que ha combinado solemnidad institucional, emoción y referencias constantes a la necesidad de defender la convivencia como patrimonio común.
La noche ha concluido entre aplausos prolongados y un mensaje compartido por todos los intervinientes: frente al miedo, la intolerancia y la fragmentación, Ceuta quiso reivindicarse una vez más como una ciudad abierta al entendimiento.
Defensa de la paz frente al fanatismo y la fragmentación mundial
Tras la lectura del acta que nombra a Amin Maalouf como XX galardonado como Premio Convivencia como figura clave por su dimensión intelectual y humana, considerada una de las grandes voces contemporáneas en defensa del diálogo entre culturas.
El momento más esperado de la noche llegó con la intervención de Amin Maalouf, que recibió una larga y sentida ovación al recibir el Premio Convivencia que se dilató hasta antes incluso de comenzar a hablar.
El escritor franco-libanés agradeció emocionado el reconocimiento y destacó el simbolismo de recibir el Premio Convivencia en una ciudad como Ceuta, a la que definió como “un compendio del destino del Mediterráneo” y un lugar históricamente marcado por el encuentro entre civilizaciones.
“Es para mi esposa y para mí una verdadera satisfacción descubrir esta antiquísima ciudad”, ha afirmado al inicio de un discurso profundamente humanista y reflexivo.
Maalouf ha abordado buena parte de las ideas que han marcado su trayectoria intelectual: la complejidad de las identidades, los riesgos de los nacionalismos excluyentes y la necesidad urgente de gestionar la diversidad desde la justicia y el respeto mutuo.
“Escucho con frecuencia que la diversidad fue la causa de las desgracias del Líbano. Nunca he creído en esa explicación simplista”, ha señalado. Para el autor de Identidades asesinas, la diversidad “no es ni una maldición ni una bendición”, sino una oportunidad cuyo resultado depende de cómo sea abordada por las sociedades.
El escritor ha defendido que las comunidades humanas más creativas y dinámicas de la historia se han construido precisamente sobre la pluralidad cultural y recordó la expresión latina E pluribus unum: “de la multiplicidad, construir la unidad”.
En uno de los pasajes más destacados de la noche, Maalouf ha subrayado que el verdadero desafío contemporáneo no consiste en decidir si distintas culturas deben convivir, sino en encontrar la manera de hacerlo “de forma serena, armoniosa y fecunda”.
También alertó sobre los riesgos del auge de los extremismos, el miedo al otro y los conflictos identitarios en un mundo cada vez más interconectado y, al mismo tiempo, más crispado.
Defensa de la convivencia frente al odio
La parte más emotiva de su intervención ha llegado al abordar los grandes desafíos globales que afronta actualmente la humanidad: el cambio climático, las tensiones internacionales, la revolución tecnológica o el desarrollo de la inteligencia artificial.
Según ha explicado, nunca antes la humanidad se había enfrentado a retos de semejante magnitud y, precisamente por ello, resulta imprescindible superar prejuicios, odios y divisiones.
“Debemos tomar conciencia de que pertenecemos a la misma caravana humana”, ha afirmado ante un auditorio completamente en silencio solo roto por aplausos improvisados a lo largo de su discurso.
Con esa imagen, Maalouf ha defendido la necesidad de asumir un destino colectivo compartido más allá de fronteras, religiones o identidades nacionales.
“Si esa caravana termina precipitándose en una cuneta, no habrá ganadores: todos saldríamos perdiendo”, ha advertido.
El escritor cerró su intervención reconociendo que vive con inquietud el futuro que heredarán sus hijos y nietos, aunque también reivindicó la necesidad de mantener la esperanza. Para ello recurrió a una cita de Calderón de la Barca: “No siempre lo peor es cierto”. Malouf agradeció la concesión de un galardón que “rinde homenaje a los nobles valores que nos unen”
La ovación final del público puso el broche a una ceremonia en la que Ceuta volvió a reivindicar la convivencia como seña de identidad y como respuesta frente a la fragmentación del mundo actual.





