Jose Moya, de origen alicantino, podría ser un participante más en la XIV Vuelta al Hacho a nado, pero no lo es. Es un luchador, un ejemplo de superación. Entró al deporte para salir del alcohol y con esta motivación ha pedaleado desde Alcoy hasta Ceuta para llegar a su cita del sábado 12 de julio en aguas abiertas.
No sabría por dónde empezar a narrar la historia de Moya, porque cada palabra cobra un valor incalculable.
Su pasión por el deporte, especialmente por la natación, ha existido desde siempre, pero caer en la enfermedad del alcoholismo lo hizo agarrarse con fuerza a él para salir de ese pozo que tantas vidas oscurece.
No es la primera vez que Moya es participante de la Vuelta al Hacho a nado. Ya en 2019 estuvo en la edición de ese año y se quedó tan fascinado que su objetivo en 2020 era volver, pero esta vez en bicicleta desde Alcoy.
La pandemia originada por la Covid-19 y su posterior enfermedad con el alcohol tumbaron sus planes.
Tras la pandemia, su madre fue diagnosticada de cáncer terminal. Moya la cuidó hasta que falleció y sus circunstancias lo hicieron caer en este mentiroso disfrazado de ángel.
“Caí en el alcohol, me abandoné por completo. Pesaba 35 kilos más de los que peso ahora”, cuenta con honestidad. Perdió el rumbo, el control sobre sí mismo, pero encontró una salida: pedir ayuda y hacer del deporte una vía de escape.
Estuvo un año internado en un centro de desintoxicación de la mano de GARA (Grupo de Adictos Rehabilitados de Alcoy), centro al que representa en esta Vuelta al Hacho a Nado.
Pudo tomar las riendas de su adicción y retomar proyectos jamás llevados a cabo, como esa ilusión de volver a Ceuta en bicicleta para participar de nuevo en esta prueba cívico-militar.
En un principio, esta misión era algo personal, individual, una meta fijada personalmente, pero su trascendencia y la espectacularidad del reto motivó a GARA a ayudarlo en su recorrido.
La única premisa que Moya puso para establecer esta conexión fue llevar su frase consigo, en la camiseta de patrocinio: “Un hombre nadará más rápido, pero una mujer llegará más lejos”, visibilizando que su referentes en natación son, sobre todo, mujeres.
De esta manera, ya no solo Jose Moya viajaría a Ceuta. Lo haría representado a GARA, como un ejemplo de superación y un mensaje esperanzador: se puede salir del alcohol y el deporte y los nuevos retos personales son un buen incentivo para ello.
De esta manera, tras controlar su adicción al alcohol, pues como sinceramente indica, “esta enfermedad es para toda la vida, solamente se aprende a controlarla y evitar escenarios que te inciten a ella”, recuperó su vida anterior y se lanzó a vivirla sin ataduras, en deuda consigo mismo y con las gratas sorpresas que le dio la vida tras desprenderse del alcohol.
Con esto último me refiero a los numerosos regalos con los que se ha encontrado Jose Moya tras encontrar la luz que la bebida le arrebató.
“Me regalaron el traje de neopreno con el que nado, un coche; Decathlon me facilitó un curso de cambio de ruedas de bicicleta cuando se enteró de mi intención de venir a Ceuta pedaleando y muchos más regalos; El Corte Inglés me ha ayudado con el seguro de viaje, etc”.
Moya es agradecido y sabe bien que su actitud de superación y coger al toro por los cuernos ha desembocado en señales positivas procedentes de un lugar más allá de lo terrenal que no se pueden explicar.
Es como si su esfuerzo hubiera conllevado una serie de mensajes y regalos que lo animan a continuar el camino elegido: el del bienestar sin necesidad de recurrir al alcohol.
Toda esta fe la recuperó, en parte, gracias a GARA, a quien sigue vinculado a pesar de tener controlada su enfermedad. Cada miércoles sigue asistiendo a terapias de grupo que lo ayudan a no recaer. En sus pensamientos está formar parte de la asociación como voluntario en un futuro próximo.
Es importante revindicar la necesidad de pedir ayuda cuando uno se encuentra inmerso en un problema de adicción; ya sea al alcohol, cannabis o drogas más duras como la cocaína. “Pedir ayuda es el primero paso y lo más importante”, asegura.
Para no recaer en el alcohol es importante fijarse motivaciones y ocupar la mente con aquello que nos apasiones. En el caso de Moya, su reto principal era viajar a Ceuta en bicicleta. GARA se puso en contacto con distintas asociaciones centradas en la ayuda contra las adicciones y estas le dieron cobijo a este luchador en distintos puntos de España hasta su llegada a Ceuta.
“En el centro Arama de Marbella me decían que era muy valiente porque en realidad no sabía bien cómo cambiar una rueda de una bicicleta, pero me embarqué en este viaje sin pensarlo, y es verdad”, cuenta con una sonrisa en su rostro. Moya cambió por primera vez una rueda de bicicleta en Marbella, ayudado por Arama.
El pasado 19 de junio subió a su bicicleta desde Alcoy, llegó hasta Pinoso; Molina del Segura; Totana (Murcia); Pulpí (Almería); Turre; Almería; Motril; Nerja; Málaga; Marbella; San Roque; Algeciras y desde la ciudad vecina tomó rumbo en barco hasta Ceuta, a la que llegó el pasado sábado 5 de julio.
Moya pedaleaba sin cesar entre 60 y 70 kilómetros hasta que alcanzaba el siguiente punto de descanso y salía a las 04:30 horas para continuar su camino hasta la siguiente parada. Todo esto añadiendo horas de entreno en piscinas a las que acudía en los puntos mencionados para su preparación con motivo de la XIV Vuelta al Hacho.
Miedos, incertidumbre, son las sensaciones que brotan del interior de Jose Moya en estos momentos previos al reto que durante años invadía su mente y que significa alcanzar la cumbre de un proceso de lucha que ha marcado su vida.
La Vuelta al Hacho no es solo una travesía para Moya, es la cumbre, un éxito. Este ejemplo de superación no se ha marcado ningún tiempo de terminación de vuelta, simplemente desea terminarla, verse llegar al final y ver cumplido uno de los retos más importantes de su vida.
“Estoy un poco aterrado porque me han dicho que hay medusas, que hay predicción de levante, incluso a lo mejor cambian la travesía, además estoy un poco cansado tras la ruta en bicicleta”, se sinceraba Moya, aunque su mirada y sus ganas son más fuertes que toda adversidad.
Para finalizar, Moya también ha explicado que, además del deporte, la filosofía también le ha servido para encontrar un agarre en su batalla contra el alcohol. “He encontrado en el estoicismo, en Marco Aurelio, Séneca y Epicteto, lo que me han dicho los psicólogos toda la vida: preocuparse solo de aquellos que se puede gestionar”.
En la meta, todos estamos seguros de que lo estará esperando su madre, orgullosa de un hijo que tras caer en el alcohol y vivir la muerte de su madre después de cuidarla sin descanso ha sabido encontrar la luz a través del esfuerzo, la lucha y la confianza en sí mismo.
El deporte salva, pero la voluntad, las ganas y pedir ayuda son factores determinantes para vivir una vida libre de complicaciones.
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