El artista sevillano actuará hoy en Ceuta (La Sala - 1.00 horas) por cuarta vez para presentar su último disco, ‘Palabras del Capitán Cobarde’. Pasional en sus creencias y en su concepto musical, ‘Albertucho’ habló con ‘El Faro’.
‘Albertucho’ es uno de esos artistas que uno puede escuchar millones de veces y siempre encontrarle algo nuevo. Pasional y personal, el poeta de la primavera y el Guadalquivir transmite seguridad e ilusión con las palabras que resuenan en su boca. ‘El Faro’ habló con él.
–¿Qué es para usted la música?
–Es la única manera que tengo de darle un sentido a la vida. Es un instrumento que hace que me sienta vivo. Yo me levanto por la mañana y me pongo a escuchar música hasta que me acuesto. Es lo que más me gusta del mundo. Después de los instintos como comer, follar y dormir, ahí está la música. Es algo que siempre está contigo, porque las personas van y vienen, pero tus canciones siempre están ahí y te hacen sentir feliz cuando estás triste.
–En una entrevista reciente decía que “la teatralidad ha aportado una nueva dimensión a su música”. Explíquese...
–Lo que quería decir es que en esta vida uno va cogiendo cosillas y aprendiendo, ya sea para hacer botijos o para hacer música, pero lo importante es saber y conocer. Entonces, en este viaje me he encontrado a Tom Waits, a Nick Cave, a Raphael, a Jim Morrison y a Silvio, que son genios de la actitud en el escenario y de todo lo que supone un cuentahistorias, y eso me encanta a mi. Entonces, me he impregnado de todo esto y hago mi vida como me gusta, haciendo mis canciones y todo como me pide el cuerpo, pero siempre pasándolo bien.
–La crítica le ha definido como un músico “muy pasional” en los directos...
–Esto de la música me llena mucho. Considero que soy un poco histriónico en el escenario, pero es porque me lo paso muy bien. Mi filosofía es subirme al escenario, partirme los cuernos y después bajarme. Hasta hace poco me rompía la camisa en los concierto, pero últimamente ya no lo hago porque está la cosa muy mala y uno no se puede permitir una camisa nueva todos los días. (Risas). No, en serio. Vivir así la música es algo que he mamado.
–Su público se ha diversificado mucho en los últimos tiempos. ¿Qué siente al ver delante suyo a roqueros, heavys y padres con sus niños?
–Es algo que me encanta. Primero porque yo no hago música para un público en concreto, sino para mi y para quien se quiera apuntar al carro, para quien me entienda y para quien se divierta con mi manera de ver la vida. Yo simplemente escribo para gente a la que le gusta las canciones, las letras y que disfrute escuchándome. Algún día me gustaría hacer música para melómanos, porque yo me estoy convirtiendo en uno. Yo no paro de descubrir y mi vida está empezando a girar alrededor de mis vinilos. Yo supongo que la gente que va a los conciertos viven algo parecido a mi, es decir, que no se identifican con un estilo concreto, sino que les gusta la música en general.
–De usted se ha dicho que es heredero de Sabina y Extremoduro. ¿Qué tiene de cada uno de ellos?
–Esa es la música con la que yo he crecido y con la que empecé a escribir, igual que me pasa con Kiko Veneno. Ahora tengo otras cosas diferentes delante, como puede ser Johnny Cash. Ahora lo estoy escuchando prácticamente a diario. Ahora mismo ponerme un disco de Extremoduro es algo nostálgico. Evidentemente me encanta Extremoduro, pero ahora mismo no está en mi cabecera.
–En su último sencillo (‘La primavera’) está usted muy folk, muy Dylan y muy sevillanita...
–Para mi Dylan es el número uno. Sus discos los estoy descubriendo uno a uno y actualmente me quedo con el ‘Blood on the tracks’ (1975) que es uno de mis favoritos. También estoy flipando mucho con ‘The Who’ y toda su obra.
–Pero su obra es mucho más folk que roquera...
–Es cierto que me he girado un poco hacia el folk, pero si escucha atentamente mi segundo disco (‘Luna de malalengua’) es un rollo muy de los sesenta. Siempre me ha gustado mucho el rollo antiguo. Excepto en mi primer disco, que tenía 17 años, me metieron en un estudio y no me acuerdo de nada, lo demás es más sesenta. Ese disco quizá sea más cercano al arte del calimocho, que es lo que yo vivía entonces.
–¿Cómo compone usted?
–Yo siempre intento sacar lo que me viene en el momento. Nunca pienso: “esta canción le gusta a la gente. Voy a hacer una igual”. Eso nunca funciona. Lo que hace genial a una canción es que refleje ese instante especial en tu vida. Yo supongo que hay una fórmula para hacer canciones, pero a mi no me gusta usarla. Lo que estoy escribiendo a ahora no tiene nada que ver con mi último disco. Estoy escuchando otras cosas y quiero reflejar imágenes diferentes.
–Calamaro en su último disco dedica varias canciones al verano. Ahora usted lo hace con la primavera. ¿Están intentando emular a Antonio Vivaldi?
–(Risas) Pues mira, el ‘Canijo’ (de los Delinqüentes) me dijo: “Hay que ver Albertucho, que no dejas de plagiarnos”. Yo creo que un andaluz tiene que hablar siempre de la primavera, porque por lo menos en Sevilla es la única época en la que se puede estar realmente bien de temperatura. En invierno hay mucha humedad y en verano más vale que te vayas bien lejos. A la primavera hay que cantarle, a ver si se alarga un poquito.
–Su último disco se llama ‘Palabras del Capitán Cobarde’. ¿De qué va ese personaje?
–Es ese personaje que no se siente ni capitán ni nada. Simplemente está ahí y cuando se va a hundir el barco es el primero que quiere irse. Recoge un poco las vivencias que yo he tenido en el mundo de la música y las compañías discográficas. De pronto te ves solo en mitad de algo muy grande. También lo hice un poco para reirme de los egos del mundo del artisteo. Sería como el típico personaje de Woody Allen que es inteligente y es bueno de corazón, pero es cobarde y tiene muchos miedos, aunque no deja de ser auténtico y bueno. En este mundo hay muchos que se creen dioses y que se creen que son la ostia.
–En una entrevista comentaba que cantar no era uno de sus puntos fuertes. ¿Se puede aprender a cantar bien?
–Se puede aprender, o por lo menos aprender a expresar. Yo no digo que te pongas y a los dos días seas Plácido Domingo, sino que uno puede encontrar un cierto feeling a la hora de expresarse y creerse lo que uno está cantando. La verdad se defiende sola, pero con mucha actitud y mucho corazón. Bob Dylan es el que peor canta y el que mejor canta del mundo a la vez. Yo no me he criado escuchando grandes voces, pero creo que sí gente muy personal como Sabina, Serrat y Kiko Veneno. No son voces privilegiadas, pero son muy auténticos. A mi me importa más cómo se dice algo y el rollo que se le da.
–Usted es un artista para leerlo entre líneas. Desvele algún secreto de su última obra...
–En ‘El paraíso’ habló de estar bien en la vida y del punto de felicidad, en resumen, eso es un verdadero canto al coito. Es una canción totalmente obscena que no dice ninguna obscenidad. Dice: para mi el paraíso son “agujeros que me da por mirar y que me enseñan el cielo”.









