Habla sin cremalleras. El hecho de que Bolinaga cumpla condena en su casa por la enfermedad que padece, le parece bien porque viene recogido en el reglamento penitenciario. “Lo que sí me gustaría es que se utilizara con todos los internos, no por cuestiones políticas que pueda haber detrás o presiones de los demás presos etarras”. Además recuerda que ha sido España la que le ha concedido ese permiso de libertad condicional, no Euskal Herría “que fue a quién él se lo agradeció”.
Asegura que no necesita el perdón de los terroristas. Lo importante es que él sí ha perdonado “y eso me ha hecho liberarme de un yunque que me pesaba desde hace años”. Tuvo que perdonarles mucho daño. “Sufrir un atentado es algo que te destroza, que afecta a tu familia. Te marca. Tenía 38 años y una vida penitenciaria por delante. Quería ser algo. Llegué a jefe de servicio pero truncaron mi carrera e incluso dejé de jugar al fútbol que me encantaba”.
Recuerda que se quedó sin fuerzas psicológicas y la tensión a la que se vio sometido durante tanto tiempo siendo diagnosticado con un trastorno por estrés post traumático que a día de hoy sigue imposibilitándole realizar numerosas actividades por las contracturas nerviosas que a menudo le causan factura. Aún así, siguió trabajando “porque prefería mantener mi dignidad intacta, no demostrar a nadie que realmente estaba mal”. Siguió aguantando amenazas, telegramas, llamadas y presiones siete años más. Es tajante además en decir que en una democracia no puede haber presos políticos, motivo por el que se concedió la libertad a muchos etarras en el año 77. “Nunca le traté de tu y eso a ellos les dolía, la elegancia en el trato... son tan sensibles...”.
Madrid, Palma de Mallorca, Puerto de Santa María, Melilla, Ceuta y Las Palmas como último destino fueron ciudades que forman parte de su vida laboral. “Y no sé realmente por qué terminé en esto... se presentó la oportunidad de opositar a instituciones penitenciarias quizá con poca vocación pero a medida que pasaron los años la fui adquiriendo. Yo me he sentido un funcionario vocacional y que mi Institución me conceda esta medalla es el máximo”.
Por último no se olvida de reivindicar el trabajo de sus compañeros de Ceuta y alaba que se construya una nueva prisión pero con peros. “El trabajo de los funcionarios en Los Rosales es dificilísimo en ese edificio tan viejo y en esas condiciones, pero el nuevo centro penitenciario debería ser menor. Es una población reclusa muy elevada y en días de permiso muchos no podrán permitirse coger el barco para ir fuera y se quedarán en la ciudad pudiendo generar un trastorno”.





