La Ruta Quetzal ya ha llegado a su punto intermedio. Ayer los expedicionarios tuvieron la ocasión de reunirse con sus familias y recuperar, por unas horas, el calor del hogar.
Todo ello después de haber recorrido durante dos semanas y media el México maya.
–¿Cómo ha sentado volver a España?
–No sé que decir. Hemos estado durmiendo todo el viaje y se ha pasado rápido. Fue mucho más intensa la ida, en la que permanecimos despiertos y cuando llegamos aún eran las ocho de la tarde y teníamos tiempo.
–¿Qué es lo primero que ha hecho?
–Estaba dando saltos de alegría, porque después de dos semanas y media y en la otra esquina del mundo, pues lo que más quieres es eso.
–Tras dos semanas y media, ¿qué le ha parecido?
–Ver las ruinas mayas ha sido precioso. También hemos tenido la ocasión de conocer artesanos y a la gente de allí, muy amable. Mucho más que lo que estamos acostumbrados aquí, donde somos más fríos. Todo es espectacular, la selva y la naturaleza lo inunda todo.
–Han combinado ciudades y naturaleza. ¿De qué ha habido más?
–Sólo hemos dormido protegidos cuando pasó el huracán, por seguridad. El resto del tiempo ha sido con las tiendas de campaña. Cuando estuvimos en Koolem Jaa’, en medio de la selva tropical, nos cayó un buen chaparrón y para montar las tiendas fue un desastre: diez o doce personas, agarrando para que no se mojara uno, el otro poniéndola en el suelo lleno de barro... al final nos mojamos pero al día siguiente pasamos la noche dentro de la carpa del comedor.
–¿Sabe montar una tienda de campaña?
–Sí. El primer día tardábamos, entre ocho personas, doce minutos. Ahora lo hacemos en cinco minutos y entre tres, que somos los que dormimos en cada una de ellas.
–¿Cuál de las comodidades ha echado más de menos?
–La ducha. Allí nos limpiaban a manguerazos; cogían un camión cisterna y nos limpiaban tal cual. Y, por supuesto, la cama. La verdad es que ahora valoro más todo eso.
–¿Han merecido la pena pasar esas privaciones?
–Por supuesto, y queda mucho por ver en España.
–En estos viajes suele haber problemas de intestino. ¿Los habéis sufrido?
–Sí, durante los primeros días fueron muy comunes, y hubo quien durante varios días se alimentó sólo con la botella de suero. Pero yo, por suerte, no.
–Su trabajo para participar en esta ruta fue un cuento sobre los mayas. ¿Ha tenido la oportunidad de aprender algo más de ellos?
–Lo que más me emocionó fue visitar Uxmal, justo donde yo situé mi historia. Ver la pirámide, las calles, los edificios, era algo mágico, como estar en mi propia historia, en el mismo lugar donde estaban mis personajes.
–¿Cómo ha sido la convivencia?
–¡Fantástica! La mezcla de países apenas se ha notado. Da igual de donde seas, de Lituania, Eslovaquia, o Rumanía. Precisamente de ahí es mi la mejor amiga que he hecho, Diana. Dice que le gusta España y vamos a intentar que venga un verano aquí.
–¿Pasándolo mal es más fácil hacer amigos?
–Si el grupo lo pasa mal, es necesario que todos se ayuden. Así que sí.
–Ahora toca el Camino de Santiago. ¿Lo había hecho antes?
–No. Estuve pensando en hacerlo con mi madre, pero al final no salió. Es una pena, porque ahora no estarán los de los países sudamericanos. Aun así, intentaré conocer a la gente que falta, porque somos muchos.
–¿Qué hará en cuanto vuelva a casa?
–Imagino que lo primero será agregar al Tuenti a todos los amigos que he hecho, para no perder el contacto.
–¿Cuál fue el mejor momento?
–En una de las expediciones salimos a buscar ver tortugas marinas. Vimos una pero el cámara las asustó, y otras dos la mañana siguiente. Lo bueno fue ver el cielo por la noche y las estrellas fugaces.






