Esta carta no es solo una queja. Es un grito de indignación. Porque lo que está ocurriendo en la Playa del Chorrillo no es un simple descuido: es una falta de respeto, una muestra de desprecio hacia las personas mayores, hacia los ciudadanos con discapacidad, hacia todos los que aún disfrutan del mar en septiembre.
La retirada de las redes de protección, la ausencia del servicio de salvamento, y el estado vergonzoso del ascensor —más tiempo estropeado que funcionando— son decisiones que afectan directamente a quienes más necesitan apoyo. Hoy he visto a personas mayores marcharse tristes, diciendo que ya no pueden volver. ¿Eso es lo que merecen? ¿Que se les excluya porque el calendario escolar ha cambiado, aunque el verano siga oficialmente hasta el 22 de septiembre?
¿Dónde está la empatía? ¿Dónde está el compromiso con la accesibilidad? ¿Por qué en la Ribera las redes siguen operativas y en el Chorrillo se han dejado a medias? ¿Por qué no hay aparatos adaptados para que una persona con movilidad reducida pueda entrar al agua con dignidad?
Esto no es solo una queja personal. Es una llamada a todos los ciudadanos que se sienten ignorados, a todos los que han visto cómo año tras año se repite esta injusticia. Ya basta de callar. Ya basta de mirar hacia otro lado. El mar es de todos, no solo de quienes pueden acceder sin ayuda.
Exijo que se restablezcan los servicios en la Playa del Chorrillo de inmediato. Que se repare el ascensor. Que se mantenga el salvamento y las redes hasta el final de la temporada. Que se respete a nuestros mayores. Que se escuche a quienes dependen de estos recursos para disfrutar de algo tan básico como un baño en el mar.
Porque si no se actúa, lo que queda claro es que no se trata de falta de medios, sino de falta de voluntad.






