La detención del doctor y político Javier Guerrero se está intentando convertir en una deslegitimación general de las instituciones ante la ciudadanía de enorme peligro. El arresto del líder de Ceuta Avanza se está envolviendo en un circo mediático y político con el objetivo de intentar hacer creer a la población que la Justicia y las Fuerzas de Seguridad son títeres en manos de intereses espurios y partidistas capaces de desencadenar cualquier acción de la noche a la mañana.
El respeto crítico con la acción de los Tribunales y los agentes de la autoridad en el desempeño de las funciones que tienen encomendadas no puede evitar cuestionar algunos procedimientos si existe base para ello, pero en el caso que ha conmocionado estos días la ciudad la embestida contra esas instituciones no puede ser más inasumible.
Las actuaciones seguidas sobre Guerrero deben concluir con un pronunciamiento u otro de la autoridad judicial, que mantuvo las investigaciones bajo secreto de sumario hasta este mismo jueves y ha ampliado la detención de Guerrero 24 horas para darle la oportunidad de preparar mejor su defensa.
El investigado debe hacer valer su presunción de inocencia y todos los demás respetarla, pero en su legítimo ejercicio de defensa no es aceptable que su entorno intente demoler la credibilidad de la Justicia, las Fuerzas de Seguridad y las instituciones implicadas en una conspiración maquiavélica.
Por ese camino la puesta en libertad o absolución, si llegase a tal punto el procedimiento iniciado, tampoco podría ser esgrimida por Guerrero como demostración de su inocencia, ya que a su alrededor se está negando a los Tribunales hasta la capacidad para decidir con libertad y tendría que interpretarse como un regalo de esos “poderes fácticos” que ahora se denigran... Un camino sin retorno que conviene evitar.






