Con el cierre del centro Piniers II y el que en breve se llevará a cabo en el Tarajal, la Ciudad pretende avanzar en la recuperación de esa normalidad que se vio quebrada en mayo, con la entrada de miles de marroquíes bordeando los espigones fronterizos. Se van dando pasos simbólicos para ir alcanzando ese regreso a lo que había antes de ese 17 de mayo, con tal de que Ceuta, incluso psicológicamente, supere lo que fue todo aquello, cómo de la noche a la mañana se quebró la normalidad tras un chantaje en toda regla a España que tuvo a Ceuta como cabeza de turco. Los distintos recursos que tuvo que habilitar la institución municipal para acoger a menores y adultos han ido perdiéndose mediante las gestiones iniciadas para que a esas personas se les fuera ofreciendo un destino distinto. Quedan unos meses para que se cumpla el año de aquella crisis sin parangón, unos meses en los que Ceuta debería haber conseguido estar como antes, sin tener que dispersar sus gestiones en otros menesteres que no sean los propios de una ciudad ubicada en plena frontera sur, que ya de por sí tiene que atender frentes complejos por su mera ubicación geográfica.
Al cierre de Piniers II le irán siguiendo otros más hasta ir recuperando lo que ahora llamamos normalidad que era, sencillamente, lo que teníamos.






