Hay cifras que preocupan y en Ceuta sabemos de eso, nos preocupan las cifras de nuevos contagios de coronavirus, las de inmigrantes ilegales intentando cruzar nuestras fronteras, la de rescatados y desaparecidos en aguas del Estrecho, las de menores extranjeros no acompañados en nuestras calles y no menos la de los 12.076 ceutíes en el paro.
Preocupa la evidencia de que mucho más de la mitad de esos parados sean mujeres, dejando claro la situación de vulnerabilidad en la que se encuentra dicho colectivo, del mismo modo que preocupa que a la población menor de 25 años y mayor de 55 se les haga tan cuesta arriba, rayando con lo imposible, el insertarse en el mercado laboral. Preocupa que entre más mayor la probabilidad de generar tu propio sustento disminuya.
Podría ser tranquilizador saber que ese número es inferior a la de parados en julio de 2020, cuando recién salíamos del confinamiento y de la primera y peor ola de la pandemia, pero decididamente el que un número tan alto de ciudadanos no tengan asegurada la cobertura de sus necesidades básicas es preocupante.
Empleo y desempleo son al mismo tiempo consecuencia y disparadores de procesos económicos de crecimiento y contracción respectivamente. Sin empleo no hay consumo, sin consumo no hay producción, generando más paro y de allí menos consumo, cadena que de no romperse a tiempo puede generar una espiral que sin ninguna duda conduce al desastre.
Es innegable que mucha de la responsabilidad de la actual tasa de paro corresponde al impacto del coronavirus en la economía mundial, el mundo prácticamente se paralizó durante tres meses y todavía hoy no se recupera pues las condiciones no están dadas para que los procesos productivos sigan su cauce. Más de un año ha pasado y ya vamos por una quinta ola de contagios que sin hacer colapsar el sistema de salud pública ni provocar tan altas y lamentables cifras de muertes, puede provocar que nuevas y más fuertes restricciones sean impuestas y generando que el repunte en el empleo que a nivel nacional se están evidenciando se frenen y, lo que es peor, decaiga.
No solo hace hace falta inversión, que la hace, ni planes de empleo, que también, pero a la ecuación hay que agregarle conciencia para que todo lo que se haga pueda rendir fruto pronto.






