El presidente de la Ciudad, Juan Vivas, realizó ayer un balance del plan de trabajo 2010 en el que se contemplan las medidas que deberían haberse llevado a cabo porque, sencillamente, fueron comprometidas por la institución. 162 medidas, ese es el número. Casi todas se han cumplido, de ahí que Vivas reconociera la eficacia en la gestión que se ha llevado a cabo. Contra esto no cabe crítica alguna. El presidente no se ha puesto nota porque sí, sino que lo ha hecho enumerando las respuestas a cada pregunta de un examen: el que ha tenido durante todo este año con los ciudadanos. Ahí están las actuaciones emprendidas y las que se están todavía desarrollando, reflejando que ha habido un trabajo y que, por tanto, ha habido resultados. Porque de lo primero se concluye lo segundo, y en este esquema no hay vuelta de hoja. Vivas además no escurrió el bulto a la hora de hacerse una autocrítica, porque a todo no se ha llegado y en este camino de gestión han quedado asuntos en el tintero. Uno, el más sangrante: la RPT. Vivas lo sabe y ayer no evitó reconocer que el no haberla llevado a cabo ha contribuido a quitar crédito a la acción gubernamental. El año 2010 ha sido un periodo de trabajo, los resultados lo dicen.





