Mohamed era un chico que vivía en el puerto y que este domingo halló la muerte todavía por causas que se desconocen. Él formaba parte de ese grupo de menores extranjeros que evita ir al centro de ‘La Esperanza’ y prefiere vivir en la calle, con la esperanza de lograr colarse en un barco y marchar hasta la Península. Estuvo a punto de lograrlo en varias ocasiones, pero nunca sucedió.
Ahora los que le conocían lamentan su pérdida y hablan de lo difícil que fue su estancia en Ceuta. Padecía epilepsia y muchos estaban acostumbrados a presenciar alguno de sus ataques. El área de Menores intentó en muchas ocasiones que se quedara en ‘La Esperanza’ y que no regresara al puerto, pero Mohamed siempre terminaba por escaparse.
Y aunque son muchos los que creen que esa era su voluntad, Mohamed no deja de ser un menor, uno de los colectivos considerados vulnerables, que vivía en la calle.
No es cuestión de buscar culpables, mucho menos ahora que acaba de morir, pero algo está fallando y está claro que el sistema, en cuanto a los menores extranjeros no acompañados no funciona.
Se entiende que no los pueden tener encerrados porque no han hecho ningún delito más que cruzar la frontera solos, pero tampoco podemos dejar que vivan en las calles, arriesgando sus vidas para que acaben como él y como el resto que han perecido en su intento de encontrar un futuro mejor.
Aquí la discusión no debería estar en quién se hace cargo de ellos, si la Ciudad o el Estado, sino qué se puede hacer para evitar que más casos como el de Mohamed, el del niño Ilias o el de Omar ‘Susi’ se sigan repitiendo sin frenar la realidad de estos jóvenes que malviven en las calles.






