Huevos de chocolate con sorpresa que ofrecen diversión, pero ¿alguien sabe la composición de ese chocolate? El psicólogo Antonio Cabrera analiza los anuncios que moldean a nuestros hijos.
La televisión posee un efecto ‘narcotizante’ en nuestros hijos que pasan una media de más de dos horas diarias frente a la pantalla. La mayor parte de la publicidad está dirigida a ellos mostrándoles un mundo ideal y feliz a través de la adquisición de un producto determinado, pero ficticio. Ello puede provocar sentimientos de frustración y tristeza. Así lo afirma el psicólogo Antonio Cabrera, quien ofreció ayer la última ponencia de las jornadas ‘Las familias, una vida sana y un futuro sostenible’. Las charlas se han venido celebrando esta semana en la sala de exposiciones del Revellín organizadas por el Colegio Oficial de Psicólogos de Ceuta (COP Ceuta) en colaboración con las consejerías de Asuntos Sociales y Educación.
Los anuncios moldean a nuestros hijos, pues son los consumidores del futuro. Para saber cómo controlar esa ‘educación’ que están recibiendo los niños, Cabrera explicó ayer las características de la información publicitaria, qué valores y mensajes transmiten y qué pequeñas acciones pueden realizar los padres en casa, de forma sencilla, para evitar que los pequeños caigan en las ‘engañosas’ redes de la publicidad y aprendan a verla con una visión crítica.
Los anuncios dirigidos a los niños están claramente enfocados al consumismo, sostiene Cabrera. Además el efecto de la publicidad es a largo plazo, y desde pequeños, los anuncios van formando las estructuras de conocimiento de los niños para orientarles como futuros consumidores.
El espejo deformante
Cabrera ve que en los anuncios de hoy día usa la técnica del ‘espejo deformante’. “Ofrece una realidad ficticia, que es plausible y conseguible, pero que muchas veces choca con la realidad. Por ejemplo, si tenemos ciertos productos, cierta ropa de una marca determinada conseguiremos la felicidad. Si en casa todo es perfecto, obtendremos la felicidad, pero cuando los niños vean la realidad en sus casas sentirán frustración y tristeza y en las clases más desfavorecidas puede generar violencia”, explica este psicólogo.
Un niño con 10 años ha visto ya 225.000 anuncios en su vida y hasta los ocho años no tienen la capacidad cognitiva como para diferenciar entre un programa de televisión y un anuncio. “Y eso los publicistas lo saben”, remarca Cabrera. “La publicidad es un proceso lento, que va cambiando la estructura del pensamiento, actitudes y valores, les da un mundo feliz que es el que tiene que ser hoy y mañana. Por ello, hay que enseñarles a tener una actitud crítica, diferenciar lo que es persuasión de lo que es información”, apostilla Cabrera.
¿Los padres saben diferenciar entre persuasión e información? Es otra de las cuestiones que ayer también trató de salvar este psicólogo, pues los padres de hoy, de entre 35 y 50 años también han “nacido al son de la publicidad, del consumismo”. A pesar del obstáculo que ello pueda suponer, ahora se cuentan con más investigaciones y estudios para saber cómo ver con una actitud crítica los anuncios.
Primer paso, poner límites ante la pantalla
En España los niños pasan delante del televisor una media de dos horas diarias, si a ello le sumamos las nuevas tecnologías el tiempo se incrementa a cuatro horas. Es un hecho que pasan más tiempo viendo la televisión, jugando a videojuegos o en Internet que estudiando.
Por ello, el primer consejo del psicólogo Antonio Cabrera a los padres es poner límites a estos tiempos.
Además, en muchas ocasiones el tiempo delante del televisor se comparte en familia, un momento propicio, según Cabrera, para que los padres pregunten a sus hijos sobre lo que están viendo y enseñarles así a tener una visión crítica de la publicidad. “Hay anuncios que venden diversión, cuando lo que en realidad están vendiendo son huevos de chocolate o hamburguesas, no diversión”, apunta Cabrera. Otros anuncios, además de moldear el comportamiento de los menores, les inculcan valores y roles, como los anuncios de juguetes para niños y niñas, vestir una marca u otra... entre otras técnicas persuasivas publicitarias. Por ello, también es importante el diálogo entre padres e hijos en este aspecto.






