Vengo de la manifestación del primero de Mayo y, como suele ser, sobre 100 personas acudimos a las reivindicaciones en representación de los 85.000 ceutíes que, por cualquier motivo, no acudieron a tomar las calles. Ya escribí antes sobre el tema del compromiso y la solidaridad; no pienso repetirme como el ajo pues deja un mal sabor de boca.
En este caleidoscopio pretendo dar ósculos a el personal que te retira el saludo: de cuando en cuando, el hola, el adiós, el buenos días, buenas tardes o el buenas noches no son correspondidos y te quedas planchado, perplejo y con cara de cordero degollado.
No es que pase habitualmente, pero cuando pasa, el mal trago no te lo quita nadie.
Puede ser en la calle, en la entrada de tu casa con algún vecino, en el trabajo... lo cierto es que, en un principio te da un bajón de sangre en los pies pero con el tiempo recuperas el tono vital.
A mí me han negado el saludo y, ahora que soy más viejo que Matusalén, me da la carcajada interior que la disimulo con la indiferencia.
Me pasé toda la vida morreándome hasta con el diablo para caerle bien, como si satanás me tuviera que dar de comer. Si alguien me reprochaba el beso al maligno tenía una maleta de excusas para que me dejaran besarlos a ellos.
He tardado 60 años y un día para asimilar que el personal te invisibilice para ahorrarse un buenos días. Lo he superado, me liberé del síndrome de la abstinencia que se manifiesta con tristeza, rabia, sorpresa y una comedura de coco que puede durarte “19 días y quinientas noches”.
Cómo soy más malo que un dolor, a los que no saludan les casco un “buenos días” con la voz de placido domingo y me quedo tan pancho. No me verán, pero la psicofonía le retumbará es su conciencia si es que la tienen.
No temáis a esos malvados, maleducados, asociales e insociables. No os preocupéis , no habéis hecho nada. Sois inocentes, aunque no sepáis de qué sois inocentes porque no te han leído los cargos.
Dormir tranquilos, empezar el día con la sonrisa en los labios. Como dijo la Pantoja: “dientes, dientes, que es lo que les jode”.
Gloria Fuertes escribió un poema que saco a colación.
Buenos días amiguitos,
saludar a los patitos.
Buenas tardes amigotes,
decirle adiós al monigote.
Buenas noches chiquillos,
despediros de los grillos.
Qué alegría de verte Pacote,
te voy a dar un beso en el cogote.
Cuánta simpatía me dice mi tía.
Qué educado eres sobrino,
que voz más dulce se te ha quedado
después de visitar al otorrino".
¡Grande Gloria Fuertes!






