La ruta marítima Ceuta – Algeciras es un trayecto que cada día realizan cientos de personas. Sin embargo, pocas conocen el engranaje que hay detrás de este viaje y todas las personas que trabajan para que los pasajeros tengan una travesía agradable y segura.
Y es que, cuando todavía faltan minutos para que el barco abandone el puerto, a bordo la travesía ya ha comenzado. En la bodega, los vehículos ocupan su lugar; en el puente, se revisan rutas y condiciones de navegación; y en los diferentes puntos del buque, la tripulación comprueba que cada detalle esté preparado para afrontar una nueva conexión entre Ceuta y Algeciras.
Por todo ello, nos hemos adentrado en el buque Passió per Formentera, de la compañía Baleària, para ver en primera persona el trabajo que se desarrolla detrás de cada travesía y descubrir cómo se coordina el equipo humano que hace posible esta conexión marítima.
La tripulación del Passió per Formentera
Al mando del ‘Passió per Formentera’ se encuentra María González, capitán de la Marina Mercante, cuyas funciones son “gestionar el buque, la tripulación y las situaciones de emergencia”.

A ella la acompañan Mohamed Abdeselam, primer oficial de puente; y Cristina Monfillo, segundo oficial de puente.
El primero, como ha explicado, es “el segundo al mando del barco, a las órdenes del capitán. Le asisto en todo lo que son maniobras, temas de gestiones, documentación… También soy el jefe del departamento de cubiertas. Soy quien designa los trabajos de todo lo que es la estructura del barco al contramaestre, y este se lo dirige a los marineros, y también le asigno los trabajos de funciones de seguridad y salvamento a los demás oficiales”.

Por su parte, Monfillo, durante su guardia, se ocupa “de hacer una buena navegación. Hago cargas también en el buque y me encargo de que todo esté bien en términos de seguridad”.

Otro miembro de la tripulación es Bilal Mohamed, jefe de cabina, cuyas funciones son “dirigir lo que es la operativa del buque”. Es decir, “lo que son los embarques y desembarques, que esté toda la tripulación en su puesto, recibir al pasajero y que esté todo en perfectas condiciones para que el pasaje esté cómodo durante todo el trayecto”.

También está Ana María Fajardo, auxiliar de pasaje, encargada de “mantener todo el salón en perfectas condiciones y que el pasajero esté tranquilo y cómodo. También ofrecemos una terraza con un chiringuito que hemos abierto ahora nuevo y estoy ahí”.

La preparación previa a zarpar
El buque Passió per Formentera tiene una capacidad para 759 pasajeros más 32 miembros de la tripulación y antes de iniciar la travesía son numerosas las tareas que deben realizarse para que el viaje se desarrolle con total normalidad y en condiciones de seguridad.
Para ello, tienen una ‘checklist’ que van comprobando antes de zarpar.
Por un lado, “antes de la salida, tenemos que dejar todo lo que son los salones de pasaje preparados, limpios y en perfectas condiciones; y en lo que es la parte de cubierta, que son los marineros, dejar el garaje preparado para recibir la carga de vehículos o de camiones”, explica Bilal Mohamed, jefe de cabina.
Además, destaca que “en esta ruta hay media hora de embarque” y en ese tiempo “tenemos que tenerlo todo listo para cumplir con la puntualidad que la compañía siempre nos dice”.
Así, una vez está eso preparado, “nos aseguramos de toda la carga que hay”. Es decir, “hacemos el previo embarque. Hago un pequeño plan de estiva, que simplemente con la segregación, ya con los pesos que nos dan, se hace una correcta disposición de la bodega”, dice Mohamed Abdeselam, primer oficial de Puente.
En el caso del Passió, tiene una capacidad de entre 102 o 105 vehículos, dependiendo del tamaño de los mismos, o de 15 trailers; y para organizar correctamente la carga es importante “conocer muy bien las características del barco. Cada barco es de su padre y su madre y no todos se cargan de la misma manera”.
Por ello, “tienes que saber todas las peculiaridades y saber hasta donde puedes llegar”.
A su vez, en el puente “se preparan todos los equipos y se hacen sus pruebas previo a la salida y la llegada”.
Finalmente, cuando ya está la carga en bodega, se avisa por radio al puente, “se llama a la caseta de los prácticos para avisar de que nos manden los amarradores” y se cierra la rampa. En esos momentos, la capitán avisa “a la caseta para que me den permiso para poder zarpar”, indica María González.

En definitiva, “trabajamos en equipo y cada uno sabe su función cuál es. Entonces, lo tenemos todo muy coordinado, porque si no hay coordinación, no podríamos salir en hora”. Como “una maquinaria bien engrasada”, lo define la segunda oficial, Cristina Monfillo.

La travesía por el Estrecho
Una vez el barco tiene permiso para iniciar la travesía, la capitán María González es la encargada de hacer la maniobra de salida y luego de atraque cuando llegan al destino.
También se encarga, junto a los oficiales, de planificar “cómo va a ser el cruce dependiendo de los barcos que nos vayamos a encontrar cruzando el Estrecho”.
Y es que, como manifiesta la segunda oficial Cristina Monfillo, “hay mucho más margen de maniobra si lo planificas que lo que te vas encontrando así sin esperarlo”.
Aún así, incide el primer oficial, “el paso del Estrecho es un paso concurrido, no es muy común, y te encuentras con mucho tráfico marítimo. Entonces, hay que estar, hay que extremar la precaución y estar en todo momento a la vigía y a la escucha en los canales de radio por si tuviéramos que acordar maniobra con otro buque o se diera una situación de urgencia o emergencia”.
“Siempre estamos en alerta, no nos confiamos, porque es una zona muy concurrida, pasan barcos que no se conocen la zona, nosotros sí estamos más experimentados; y les proveemos una asistencia un poquito mayor a la hora de maniobrar a otros buques”, asegura Mohamed Abdeselam.
Los equipos del puente de mando
El puente de mando es el centro de control y navegación de un barco. Rodeado de pantallas, radares y equipos de comunicación, ofrece una vista privilegiada del Estrecho. Desde ahí se observan los barcos que cruzan la zona mientras las conversaciones por radio acompañan constantemente la navegación.
Esta zona cuenta con una gran variedad de equipos que permiten controlar la navegación. Según nos mostraron, entre estos aparatos se encuentran dos cartas electrónicas, dos sistemas radar marítimo, uno banda X y otro banda S; la radio, el Sistema de Identificación Automática y dos VHF.
También tienen el timón manual, las luces de navegación, “que siempre tienen que estar en funcionamiento porque los barcos nos ven desde el exterior y nos identifican”; una máquina propulsora y hélices de proa, “que las usamos para hacer las maniobras en puerto”, detalla la capitán María González.
Además, el Passió per Formentera cuenta con “un sistema de estabilizadores que, si tenemos mal tiempo o hay mucha mar, los sacamos y estabiliza mucho el barco”.
La influencia de las condiciones meteorológicas en la navegación
Además del tráfico marítimo, otro de los aspectos que condicionan la navegación son las condiciones meteorológicas: si el tiempo está bueno, si hay niebla, si hay levante…
Sobre esa última opción, el primer oficial Mohamed Abdeselam cuenta que “hay que saber cómo campear los temporales y cómo manejarlos con la mayor eficiencia al buque, porque en los temporales también sufre la estructura, y hay que saberlo llevar y que el pasaje esté bien, esté cómodo”.
Por este motivo, “nosotros miramos el tiempo días antes para saber qué es lo que nos vamos a encontrar y vamos preparando la mente y el cuerpo para saber lo que nos viene”, señala la capitán González.
A pesar de eso, hay cosas que son impredecibles, como “las nieblas, que son muy densas aquí. A lo mejor por la noche no tienes nada y al levantarte a las cinco de la mañana no ves nada. Eso crea mucha tensión”.
Teniendo en cuenta todos estos factores, Cristina Monfillo declara que “ninguna navegación es la misma. Todas son diferentes, no hay ninguna igual”.
Los salones y el pasaje durante la travesía
Mientras la tripulación se encarga de que la navegación se desarrolle con normalidad desde el puente, el pasaje disfruta de la travesía en los diferentes salones del Passió per Formentera.
Allí, un equipo de auxiliares de pasaje se encarga de la atención y la comodidad de los pasajeros.
En los viajes con mal tiempo, estos profesionales intentan “que el pasajero no pase mucha fatiga y que sea lo más cómodo para él. Tenemos que estar más atentos y pendientes del pasajero para mantener la calma”.
Por su parte, “cuando está el mar en calma, damos una vuelta al salón para ver que está todo el mundo contento”, detalla Bilal Mohamed, jefe de cabina.
Es decir, como indica Ana María Fajardo, los auxiliares de pasaje están ahí “para que lo que ellos necesiten”.

La terraza chill out
En estos días tranquilos, el pasaje también puede disfrutar del chiringuito que el Passió per Formentera ha abierto en la terraza del buque de cara al verano, en el que ofrecen “toda serie de bebidas, comidas y bocadillos” a los pasajeros.
Según expresa la auxiliar Fajardo, encargada de este chiringuito, “aquí se está muy bien, porque el amanecer y los atardeceres son preciosos, y tenemos unas vistas a nuestra tierra, Ceuta, preciosas”.
Esto hace que esta terraza tenga una alta demanda de pasajeros en este periodo ya que, como señala, “hay veces que prefieren temperatura ambiente, admirar las maravillosas vistas que tenemos y también pueden traer a los animales. Se está de lujo, parece que no estás en el barco”.
Anécdotas a bordo del Passió per Formentera
Después de tantos viajes, tantas travesías y tantos pasajeros a bordo, la tripulación ha vivido innumerables momentos que se han convertido en anécdotas y recuerdos inolvidables.
Para Bilal Mohamed, jefe de cabina, el momento más bonito que ha vivido fue el “ver a una pasajera recibir a su familia después de más de cinco años sin verse. Se reencontraron aquí a bordo”.
También estuvo presente cuando “una pasajera tuvo un bebé a bordo. Fueron momentos de muchos nervios, pero entre los oficiales y la tripulación todo salió perfectamente”.
Sin embargo, no todos son momentos felices, como en la época de la pandemia. “Fue muy duro. Estábamos aquí encerrados, no teníamos noticias, e íbamos improvisando sobre la marcha” ya que el buque seguía haciendo rotaciones “para abastecer Ceuta. La ciudad no podía quedar incomunicada en ese sentido”.
También María González, capitán, recuerda que “hace poco, saliendo de la Bahía de Algeciras, un hombre sufrió un ictus y antes de salir de Gibraltar tuve que dar la vuelta y entrar al puerto rápidamente y que viniera la ambulancia a buscarlo”.
Una forma de vida muy desconocida
Al preguntar a la capitán María González qué diría que es lo más desconocido de la vida en el mar, lo tiene claro: “La gente tiene una idea equivocada de lo que es la vida del marino, porque dice, ¡ay, que tienes un mes de vacaciones! No, nosotros vivimos en el barco. Eso no sé si todo el mundo sería capaz de hacerlo porque tienes una vida difícil”.
Además, como añade Monfillo, “siempre sorprende que se enteren que dormimos aquí y que no nos podemos bajar”.
Una dedicación que tiene un alto precio ya que “dificulta tener una vida normal. La conciliación familiar es complicada. Te pierdes cumpleaños, bodas, eventos importantes… Es una vida muy sacrificada”.
Por ello, la capitán González considera que “esto es un trabajo que te tiene que gustar por vocación”.
Pese al sacrificio, todos encuentran algo que les hace seguir navegando. Bilal Mohamed asegura que el mar le transmite “calma y paz. Es algo que no puede faltar en mi vida”.
Por su parte, Ana María Fajardo, que se incorporó a la tripulación del Passió per Formentera en el mes de junio, destaca que “somos como una familia. Me han arropado súper bien, hay muy buen ambiente familiar, muy buenas personas y estoy encantada”.
Una sensación que comparte Mohamed Abdeselam, quien se queda con “el compañerismo, la familia que uno hace a bordo, los buenos momentos que pasamos y las navegaciones. Hay navegaciones en las que te entretienes mucho, hay tanto tráfico que todos los días se aprende algo nuevo. Y formándome, ya que algún día me gustaría ser capitán. Todos nos preparamos siempre para ese puesto”.
Así, detrás de cada conexión entre Ceuta y Algeciras no solo hay maniobras, horarios y sistemas de navegación, sino también un grupo de personas que ha hecho del mar su forma de vida. Para los pasajeros, la travesía apenas dura algo más de una hora. Para quienes trabajan a bordo, el barco es también su oficina y su hogar temporal.
Por ello, cuando el Passió per Formentera se aproxima al puerto y los pasajeros se preparan para desembarcar, la tripulación ya piensa en la siguiente salida. Porque cuando termina una travesía, en realidad, la siguiente ya ha comenzado.





