La enfermería ceutí atraviesa uno de sus momentos más delicados. La falta de profesionales, la presión asistencial y el desgaste emocional están llevando al colectivo “al límite”, según denuncia Rosa María Fuentes, presidenta del Colegio Oficial de Enfermería de Ceuta.
En esta entrevista, analiza la situación actual de la sanidad en la ciudad, alerta sobre la fuga de talento y reclama más inversión, estabilidad y reconocimiento profesional para evitar el colapso del sistema sanitario.
–¿Con qué sensación llega el colectivo enfermero de Ceuta a esta fecha: reconocimiento, cansancio o reivindicación?
–Este 12 de mayo, el Colegio de Enfermería de Ceuta apuesta por el reconocimiento a través de la formación en tecnologías de vanguardia, como la IA y los drones, para eliminar brechas con la península. Sin embargo, la realidad es agridulce: el agotamiento estructural y la falta de conciliación han derivado en un preocupante estancamiento profesional.
Nuestro objetivo es combatir esa desmotivación y recordar que el progreso de la enfermería depende de que cada profesional se implique en la transformación de nuestro colectivo.

–Ceuta cuenta con el grado de Enfermería, pero muchos profesionales siguen denunciando la falta de posgrados y especializaciones. ¿Está la ciudad formando profesionales que luego se ve obligada a perder?
–Es una realidad compleja. Ceuta tiene la capacidad de formar, pero el sistema actual genera una ‘fuga de talento’ por falta de encaje administrativo. Actualmente, contamos con dos unidades docentes para enfermeros residentes (EIR): la de Enfermería Obstétrico-Ginecológica (4 plazas) y la de Enfermería del Trabajo (2 plazas). Sin embargo, nos encontramos con un muro burocrático: a excepción de las matronas, que es una especialidad ya consolidada, el resto de especialistas no tienen opción de ejercer como tales en la ciudad.
El problema radica en que, aunque las categorías profesionales de especialidades están creadas legalmente desde hace dos años, no están dotadas en las plantillas orgánicas ni en el régimen de retribuciones de Ingesa. Esto significa que enfermeras especialistas en Familiar y Comunitaria, Geriátrica, Pediátrica o Salud Mental no tienen cabida real en el sistema actual, obligándolas a trabajar como generalistas o, lo que es más frecuente, a marcharse a otras comunidades donde sí se reconoce su nivel de formación. Esta situación es especialmente crítica si tenemos en cuenta que la reclasificación al grupo A1 es una de nuestras principales reivindicaciones a nivel nacional, precisamente para que se reconozca que una Especialidad o Máster equivale a un Nivel 7 de cualificación.
Mientras esperamos que la Facultad de Ciencias de la Salud concrete su oferta de posgrados oficiales, desde el Colegio no nos quedamos de brazos cruzados: seguimos fomentando esta formación mediante becas específicas para EIR y Máster. No podemos permitirnos perder a profesionales altamente cualificados mientras España sufre un déficit estructural crítico de enfermeras; es urgente que la Dirección del Ingesa planifique y dote presupuestariamente estas plazas para que la formación que se imparte en Ceuta revierta directamente en la calidad de los cuidados de los ceutíes.
"Enfermeras especialistas en Familiar y Comunitaria, Geriátrica, Pediátrica o Salud Mental no tienen cabida real en el sistema actual"
–¿Qué supondría para la población ceutí poder contar con el resto de enfermeras especialistas?
–Contar con especialistas en todas las áreas supondría un salto cualitativo en la seguridad del paciente. Al igual que nadie cuestiona que una matrona atienda un parto, un niño o un anciano merecen cuidados de especialistas en Pediatría o Geriatría. Actualmente, Ceuta desaprovecha un capital humano vital: profesionales que, tras años de formación, trabajan como generalistas por la falta de previsión del Ingesa.
Es urgente pasar de la norma escrita a la realidad asistencial, dotando presupuestariamente estas plazas para que el talento local revierta en la excelencia de los cuidados que la ciudadanía merece.
"No podemos seguir parcheando carencias estructurales con soluciones temporales que no valoran el mérito profesional"
–La falta de profesionales sanitarios sigue siendo un problema recurrente. ¿La sanidad ceutí está funcionando por encima de sus posibilidades?
–La sanidad ceutí, al igual que la nacional, opera bajo un déficit estructural crítico que obliga a los profesionales a trabajar sistemáticamente por encima de sus posibilidades reales. Según los datos de la Organización Colegial de Enfermería, España necesita incorporar de manera urgente 100.000 enfermeras para alcanzar simplemente la media europea.
Esta presión constante tiene un coste humano inaceptable: el 67% de nuestras enfermeras padece ansiedad y el 33% padece depresión debido a la sobrecarga asistencial y a entornos laborales que no siempre garantizan su seguridad.
El panorama futuro es alarmante, ya que el 39,4% de los profesionales planea abandonar la profesión en la próxima década debida a la precariedad y la inestabilidad. Si a esto le sumamos las más de 50.000 jubilaciones previstas en el mismo periodo, nos enfrentamos a una pérdida de 18,6% de la plantilla actual que el sistema no podrá soportar sin una inversión masiva.
Un ejemplo flagrante de esta falta de planificación y precariedad en Ceuta es, por ejemplo, la situación de la enfermería escolar. Durante el curso 2025/2026, solo contábamos con 11 enfermeras para dar cobertura a 23 colegios y 6 institutos, contratadas a través de planes de empleo temporales que resulta ineficaces e insuficientes para realizar una planificación sanitaria reglada. Esta figura es hoy imprescindible, especialmente cuanto tenemos en nuestros centros a 850 alumnos con necesidades educativas especiales, destacando un 55,6% con discapacidad intelectual y un 27,5% con Trastorno del Espectro Autista (TEA), además de casos de diabetes, epilepsia u otras enfermedades crónicas.
No podemos seguir parcheando carencias estructurales con soluciones temporales que no valoran el mérito profesional. Para que la sanidad deje de funcionar al límite, es imperativo que las enfermeras escolares se integren en la plantilla orgánica y que todo el colectivo vea reconocido su nivel de responsabilidad mediante la reclasificación al Grupo A1.

–Cuando se habla de listas de espera o saturación hospitalaria casi siempre se piensa en médicos, pero ¿hasta qué punto el peso real del sistema sanitario recae también sobre la enfermería?
–Es un error común e histórico invisibilizar a las enfermeras como el verdadero eje del Sistema Nacional de Salud. El peso que sostenemos es, en muchos casos, el que evita el colapso definitivo de la sanidad. Cuando hablamos de saturación, hablamos de un colectivo que asume la gestión de los cuidados en un escenario de déficit estructural crítico de 100.000 profesionales respecto a la media europea.
Para reducir realmente las listas de espera, es imprescindible apostar por la prescripción autónoma plena. El modelo actual ha quedado totalmente obsoleto: tras una década, solo se han desarrollado 10 guías de prescripción enfermera en todo el país. En Ceuta, la desprotección es aún más evidente, ya que el INGESA no ha publicado ninguna. Es urgente la reforma de la Ley del Medicamento para igualar nuestra capacidad prescriptora a la de otros profesionales. No buscamos sustituir a los médicos, sino que se reconozca nuestra preparación para resolver procesos de forma autónoma, agilizando la asistencia y disminuyendo drásticamente los tiempos de espera del paciente.
Además, el peso real se mide en salud. Sostenemos el sistema a costa de nuestra propia integridad: el 67% de las enfermeras sufre ansiedad y el 33% padece depresión debido a la sobrecarga y a trabajar en entornos inseguros. No somos solo personal de apoyo; como gestoras de cuidados y líderes de modelos asistenciales centrados en las personas que garantiza la calidad y la seguridad del paciente.
Reclamamos que se nos reconozca como profesionales responsables y con la formación técnica suficiente para liderar el sistema; un peso que es visible desde el hospital hasta las escuelas porque, sencillamente, si la enfermería se detiene, el sistema se para.
"Es urgente la reforma de la Ley del Medicamento para igualar nuestra capacidad prescriptora a la de otros profesionales"
–¿Qué secuelas está dejando la presión asistencial en los profesionales: agotamiento emocional, ansiedad, desmotivación o incluso abandono de la profesión?
–Las secuelas son profundas y están configurando una crisis de salud mental sin precedentes en nuestra profesión. Antes señalaba que los datos son alarmantes: el 67% de las enfermeras sufren ansiedad y un 33% padece depresión.
Esta presión no solo agota emocionalmente, sino que está empujando a que muchas quieran abandonar la profesión. A nivel local, percibimos que esta presión se manifiesta en un preocupante periodo de desidia profesional. Además, el impacto de las agresiones -con 2.525 casos registrados en 2024- agrava seriamente el sentimiento de desprotección.
Desde el Colegio somos conscientes de esta realidad y por eso hemos pasado a la acción. Ofrecemos a nuestros colegiados acceso gratuito a la sección ‘Cuídate’ de la plataforma SalusOne, diseñada específicamente para que las enfermeras podamos cuidar nuestra propia salud mental y física. Asimismo, contamos con un seguro que garantiza atención psicológica y jurídica inmediata en caso de sufrir agresiones.
"Mi prioridad es que el enfermero de Ceuta sienta el Colegio como su espacio de protección y que el Ingesa entienda que invertir en enfermería no es un gasto"
–La enfermería siempre ha sido sinónimo de cercanía y cuidado. ¿Existe el riesgo de que la sobrecarga termine deshumanizando la atención sanitaria?
–El riesgo es que se pierda el tiempo necesario para la empatía. La enfermería es cercanía, pero para humanizar el cuidado necesitamos ratios de pacientes adecuados. Cuando una enfermera está desbordada, el cuidado invisible (escuchar, calmar o acompañar) es el que sufre. Lo que algunos confunden con desidia es, en realidad, un mecanismo de defensa ante el agotamiento emocional.
–¿Qué le preocupa más del futuro inmediato de la sanidad en Ceuta: la falta de personal, la dificultad para retener talento o el aumento constante de la demanda asistencial?
–Me preocupa que se nos agote el tiempo. En la próxima década se jubilarán más de 50.000 enfermeras en España. Si a eso le sumamos nuestra incapacidad local para retener el talento por la falta de plazas orgánicas para especialistas, el escenario es crítico.
Mi prioridad es que el enfermero de Ceuta sienta el Colegio como su espacio de protección y que el Ingesa entienda que invertir en enfermería no es un gasto, es la única garantía de supervivencia de nuestra sanidad.
"El Colegio ha dejado de ser una entidad meramente administrativa para convertirse en una red de seguridad"
–Usted representa a un colectivo que convive diariamente con el dolor, la enfermedad y, muchas veces, la soledad. ¿Cómo se aprende a gestionar emocionalmente todo esto?
–Esa es, sin duda, la faceta más íntima y a la vez más dura de nuestra profesión. Las enfermeras no solo aplicamos técnicas clínicas; somos en muchos casos, la última mano que sostiene un paciente y la única voz que escucha antes de morir. Gestionar esa soledad compartida no es algo para lo que uno se inmunice: es un peso emocional inmenso que nos llevamos a casa.
No es solo el trabajo, es el impacto de ser el soporte emocional de quienes no tienen a nadie más. Como eje del sistema sanitario y expertos en cuidados centrados en la persona, nuestra labor es humanizar esos momentos donde la medicina ya no puede curar. Aprendemos a gestionar ese dolor transformándolo en acompañamiento profesional y empático, pero para poder ser ese consuelo, la enfermera no puede estar sola en su propio desgaste. Por eso, desde el Colegio insistimos tanto en que quien cuida también debe ser cuidado.

–¿Qué papel está jugando actualmente el Colegio Oficial de Enfermería de Ceuta más allá de la representación institucional?
–El Colegio ha dejado de ser una entidad meramente administrativa para convertirse en una red de seguridad y un motor de crecimiento para cada uno de nuestros profesionales.
Es cierto que nuestra función fundacional es la vigilancia del intrusismo y la ordenación de la profesión; esto es, en última instancia, la garantía que le damos a la sociedad de Ceuta de que, cuando una enfermera les cuida, lo hace un profesional cualificado y ético. Pero mi compromiso desde que asumí la presidencia hace casi cuatro años, siguiendo la estela de mi mentor, Luis de la Vega, ha sido dar un cambio radical hacia la cercanía y la modernización.
Hoy, el Colegio es un espacio de protección integral. Lo vemos en tres ejes fundamentales. El eje de la protección y asistencia: No solo defendemos la profesión, defendemos a la persona. Contamos con un Seguro de Responsabilidad Civil (AMA) que incluye atención jurídica 24 horas ante agresiones y apoyo psicológico. Nuestra asesoría jurídica, liderada por Gonzalo Campos, es un pilar fundamenta; solo en 2025 gestionamos 11 actuaciones, la gran mayoría para resolver problemas administrativos y profesiones de nuestros colegiados.
En segundo lugar, el eje del apoyo al desarrollo con el que queremos que la enferma de Ceuta esté a la vanguardia. Por eso invertimos los recursos de forma eficiente en un catálogo de servicios sin precedentes: desde becas de 200 euros para congresos y jornadas fuera de la ciudad, ayudas al doctorado, al EIR y a Másteres, hasta el acceso Premium a plataformas como SalusOne.
Por último, estamos enfocados en la modernización y el sentido de pertenencia. Hemos dado un giro de 180 grados a nuestra visibilidad. Con la web, la presencia en redes sociales y herramientas como Nursia UP, hemos derribado los muros del Colegio. Nuestro fin es que cada enfermera y enfermero sienta esta institución como algo suyo.
Creo que hemos pasado de ser una institución que está, a ser una institución que acompaña. Mi objetivo es que los profesionales sientan que, ante cualquier inquietud o necesidad, el Colegio no solo es su representante, sino su aliado.
"Lograr el encuadramiento en el Grupo A1 significaría reconocer legalmente que estamos capacitadas para ocupar puestos de alta gestión"
–Si este 12 de mayo tuviera que resumir en una sola reivindicación lo que necesita la enfermería ceutí, ¿cuál sería?
–Sería el reconocimiento real de nuestra responsabilidad y liderazgo mediante la reclasificación al Grupo A1. No se trata de una simple cuestión administrativa o salarial; es la pieza maestra que permitiría solucionar problemas estructurales que asfixian a la enfermería. Lograr el encuadramiento en el Grupo A1 significaría reconocer legalmente que estamos capacitadas para ocupar puestos de alta gestión, liderar modelos asistenciales y ejercer una prescripción que agilizaría el sistema y reduciría listas de espera.
Lo que pedimos este 12 de mayo es que se entienda la enfermería como la inversión masiva y urgente que garantiza la seguridad y la supervivencia de la sanidad tanto en nuestra ciudad como en nuestro país.






