El mar estaba en calma relativa y el velero avanzaba con buen viento. Era una de esas jornadas en las que la navegación se vuelve casi rutinaria, cómoda y previsible. Después de semanas en ruta desde Sicilia, la tripulación ya pensaba en tierra, en llegar a Ceuta.
Nada hacía presagiar que, en cuestión de horas, todo iba a cambiar. A unas 60 millas de Cabo de Palos, el viaje se rompió en seco.
“Veníamos navegando bastante bien, cómodos y tranquilos”, recuerda Luis Morte, uno de los cuatro tripulantes vinculados a Ceuta que vivieron el naufragio. Pero en mitad de la noche, cuando el barco seguía su rumbo sin sobresaltos, llegó el primer aviso: un ruido seco, fuera de lugar. Algo no iba bien.

Una avería que lo cambia todo
Al principio, el problema parecía controlable. El timón respondía, aunque con dificultad, y la decisión fue clara: poner rumbo a Cartagena. Pero la tregua duró poco. “Volvió a haber otro ruido impresionante y el timón quedó libre”, explica Morte.
A partir de ese momento, el velero dejó de obedecer.
Sin gobierno, a merced del oleaje, la embarcación empezó a derivar sin control. “Íbamos cambiando de dirección permanentemente”, relata Morte. Y después, lo inevitable: el propio mecanismo del timón comenzó a golpear el casco con violencia.
“Empezó a dar vueltas como un trompo y ya no se podía hacer nada”.
No fue una interacción con orcas
Los tripulantes descartaron desde el primer momento que se tratara de una interacción con orcas como se podía haber pensado en un principio, extremo que no han considerado por tener claro el origen de lo sucedido.
Esas primeras sospechas de las que se han hecho eco varios medios de comunicación quedan desterradas con este testimonio.

Preparar la salida
La escena podría haber derivado en el caos. Pero no fue así.
La tripulación –con experiencia y muchas millas a sus espaldas, no en vano también formaban parte de ella Sergio Llorca y José Moreno– activó el protocolo sin perder la calma. Avisaron a Salvamento Marítimo de Alicante y mantuvieron contacto constante gracias a un sistema de comunicación satelital. Mientras tanto, en cubierta, cada uno asumía su papel. “No estás pensando en el miedo. Estás concentrado en lo que tienes que hacer”, resume Morte.
Prepararon las balsas, recogieron lo imprescindible, organizaron la evacuación. Todo mientras el agua comenzaba a abrirse paso en el interior del barco. Un agujero de unos 30 centímetros en el casco selló el destino del velero. Había llegado el momento.
A la deriva
Saltaron a las balsas salvavidas cuando la situación ya era insostenible. El velero quedaba atrás, condenado.
En el mar abierto, el tiempo se diluye, como destaca Morte, se pierde la noción. No hay relojes ni referencias claras. Solo cabía la espera.
“No sabría decir cuánto pasó, una hora o dos…”, recuerda. Revisar el material, mantenerse atentos, seguir cada indicación. Eso ocupaba la mente. No hubo pánico. Tampoco miedo. Solo tensión contenida y la certeza de que todo dependía de hacer bien cada paso.
El rescate
El helicóptero apareció en el horizonte como una confirmación de que todo había salido bien. El rescate se completó por aire, mientras en el mar una embarcación intentaba, sin éxito, salvar el velero.
“Fue curioso –dice Morte–, porque le tengo alergia al agua y a volar… y ese día hice las dos cosas”.
Más allá de la anécdota, el recuerdo que queda es otro: la respuesta del dispositivo de Salvamento Marítimo. “Quiero agradecer su profesionalidad, su humanidad y su eficiencia. Es increíble cómo funciona todo el sistema”, subraya.
Después del naufragio
Tras ser trasladados a Valencia y pasar por Alicante, los cuatro tripulantes regresaron a casa. El susto quedó atrás. Lo vivido, no.
Lejos de apartarlos del mar, la experiencia parece haber reforzado el vínculo. “Ha sido una aventura extrema con final feliz”, resume Morte. Y no hay duda en su respuesta cuando piensa en el futuro: “Estoy deseando volver a embarcarme”.
De hecho, algunos de ellos volverán a navegar este mismo fin de semana en la regata ‘Ceuta Sí’, entre Marbella, Sotogrande y Ceuta.
Desde el ámbito institucional, el consejero Nicola Cecchi; que conoce a toda la tripulación y su experiencia, destacó la “rápida actuación de Salvamento Marítimo” y la “serenidad de los navegantes ante una situación crítica”.
Porque si algo deja este episodio no es solo la imagen de un barco hundiéndose en el Mediterráneo. Es, sobre todo, la de cuatro hombres que, en medio de la incertidumbre, supieron mantener la calma y confiar en que el mar les dejaría volver para contarlo.





