El 25 de abril de 1986 marcó un antes y un después en la historia de nuestro país. La aprobación de la Ley General de Sanidad no fue un hecho aislado, sino el resultado de una profunda convicción política: que la salud debía ser un derecho garantizado para todos y todas, y no un privilegio reservado a unos pocos.
Aquella conquista fue posible gracias a la visión y el compromiso de Ernest Lluch, y al impulso decidido de un gobierno socialista que entendió que la democracia no estaría completa sin justicia social. Hoy, 40 años después, no solo recordamos aquella ley: la reivindicamos como uno de los pilares más sólidos del Estado del Bienestar.
La Ley General de Sanidad sentó las bases de un sistema sanitario público, universal, gratuito y equitativo. Transformó un modelo fragmentado y desigual en un Sistema Nacional de Salud que garantiza atención en condiciones de igualdad, vivas donde vivas y tengas los recursos que tengas. Gracias a ella, en España nadie tiene que elegir entre curarse o arruinarse.
Ese es el verdadero significado de la libertad y la igualdad en una sociedad avanzada: poder vivir sin el miedo a que una enfermedad condicione tu futuro. La sanidad pública ha sido, durante estas cuatro décadas, una herramienta decisiva de cohesión social, evitando que la enfermedad se convierta en sinónimo de exclusión o pobreza.
Pero los derechos no son irreversibles. Hoy, más que nunca, debemos defender este modelo frente a quienes pretenden convertir la sanidad en un negocio. Frente a esa visión mercantilista, desde el PSOE de Ceuta lo decimos con claridad: la salud no puede depender del mercado. Es un derecho fundamental que debe ser protegido y reforzado desde lo público.
En estos años, los avances han sido incuestionables. Hemos ganado ocho años de esperanza de vida. Somos líderes mundiales en donación y trasplantes. Y, desde 2018, el Gobierno de Pedro Sánchez ha impulsado una agenda decidida para recuperar y ampliar derechos: la universalidad sanitaria, el refuerzo de la Atención Primaria, la inversión en tecnología médica, la ampliación de prestaciones como la salud bucodental o la reproducción asistida, y el impulso a la innovación en la lucha contra enfermedades como el cáncer.
A ello se suma una apuesta sin precedentes por la modernización del sistema sanitario, con inversiones en digitalización, medicina personalizada y terapias avanzadas que ya están salvando vidas. Porque defender la sanidad pública no es solo proteger lo construido: es también adaptarlo a los retos del presente y del futuro.
Sin embargo, también es necesario exigir responsabilidades. Mientras el Gobierno de España ha incrementado significativamente la financiación sanitaria, en algunas comunidades autónomas gobernadas por el Partido Popular las listas de espera siguen creciendo y la sanidad se deteriora. La ciudadanía merece explicaciones y, sobre todo, soluciones.
La pregunta que hoy debemos hacernos es sencilla pero decisiva: ¿qué modelo de país queremos ser?
Queremos ser un país donde, ante una urgencia, siempre haya un profesional que atienda. Donde ninguna familia tenga que hipotecar su vida por un tratamiento. Donde enfermar no signifique empezar de cero. Ese país no surgió por casualidad: lo construimos entre todos, con políticas valientes y con una firme apuesta por lo público.
Ahora nos corresponde a nosotros cuidarlo, defenderlo y mejorarlo. No por nostalgia, sino por convicción.
Desde el PSOE de Ceuta reafirmamos nuestro compromiso con una sanidad pública fuerte, universal y de calidad. Porque la salud no es un privilegio ni una mercancía: es un derecho. Y porque la fortaleza de nuestra sanidad pública sigue siendo, hoy como hace 40 años, el mejor indicador de la calidad de nuestra democracia.






