Llegó Coronina a España y Madrid fue una fiesta. María Corina Machado, la flamante premio Nobel de la Paz, fue recibida en loor de multitudes: abrazos, cánticos, banderas, alharacas, besos, lágrimas y emocionados discursos.
La señora Corina Machado, premiada con el Nobel de la Paz, quiso compartir el galardón con Trump, el presidente de EE UU que “liberó” de la dictadura bolivariana al pueblo de Venezuela; la otra mitad se la podría haber dado a Netanyahu, colaborador con Trump para implantar en el mundo la libertad y la justicia.
Disidente, opositora a Nicolás Maduro y abanderada de unas elecciones justas y democráticas, se quedó con tres palmos de narices cuando Trump designó como presidenta encargada de Venezuela a su odiada Delcy Rodríguez desde el 5 de enero de 2026, tras la captura de Nicolás Maduro por tropas estadounidenses.
El medio premio Nobel le hizo un corte de mangas a la opositora y le dijo: “de democracia nada, monada”. Ella, como la gallina Turulata, no dijo ni pío y le beso el pompis al adalid de la libertad.
Nuestra protagonista se reunió con el presidente del Partido Popular, al presidente de Vox, al alcalde de Madrid y a la presidenta de la Comunidad; también tuvo una palabras con uno de los mejores periodistas reconocido por todo el mundo de la prensa: Vito Quiles.
El cantante venezolano Carlos Baute alentó a los miles de asistentes con el grito de “¡Fuera la mona!”, en referencia a la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez. Según el diccionario de uso llamar ‘mona’ a una mujer “constituye un acto de deshumanización” y “una forma de violencia política basada en misoginia y racismo” . “Me dejé llevar por la emoción de ese cántico”. Sus palabras fueron aplaudidas como si el Papa hubiera dado un discurso.
La señora Machado expresó, con lágrimas en los ojos que esperaba que en España las próximas elecciones fueran limpias, como si las demás hubieran sido sucias. (Vaya indirecta).
No habló con los partidos de izquierdas, no habló con el ministro de Asuntos Exteriores, no habló con Pedro Sánchez, no habló con Zapatero, no habló con los partidos políticos Podemos y Sumar; no sé reunió con Irene Montero, ni con Pablo Iglesias, ni con Yolanda Díez, ni con Monedero. Debería haberles contado por qué su país está sometido a un comunismo opresor con presos políticos, con persecuciones, con torturas, con pucherazos electorales. Debería haberles argumentado la realidad de su país.
Corina perdió esa oportunidad y las oportunidades las pintan calvas.
Si Corina representa la democracia en Venezuela, mal empezamos.






