Hay frases sueltas que inspiran cañonazos: frases que escuchas en la calle, en la radio, en el trabajo, en un bar tomando el café de la mañana, en un periódico, en un ascensor... en cualquier sitio.
Paloma Abad trabaja en El Faro y yo le suelo mandar los cañonazos cotidianos de todos los días. Le pido ideas, temas, actualidad, noticias de la ciudad. Problemas invisibles o lo que se le ocurra aunque la propuesta esté desubicada en el espacio y en el tiempo; temas como la felicidad, la vejez, letras de canciones, recuerdos de la infancia o amores perdidos que se esfuman en la nada.
El otro día me dijo: “Te espero en el Cañonazo del viernes”.
No sé el motivo o la razón, tal vez un día de nostalgia de esos en los que uno experimenta la alegría de estar triste. Pensé en ella como la fuerza que adquieres cuando alguien te espera, te avisa de los límites de la hora y el espacio del que dispones para volar entre palabras y sobrevolar con tu propia alma en el horizonte de la libertad
–¿Contamos con cañonazo? Me encanta leerte, tremendo lo que cuentas, yo te veo las erratas, no te preocupes.
–Paloma, mañana tengo pensado escribir sobre esto o sobre lo otro. ¿Qué opinas? ¿Cómo lo ves?
Y así, mi vida vacía muchos días, rutinaria y monótona, me despiertan, me dan alas, me estimulan en la batalla diaria de apostar por la vida, por la justicia, por la solidaridad o por la denuncia.
Paloma es el corazón del cañonazo, me hace transfusiones sanguíneas, me despierta de ese sueño apelmazado en el que espantas a las musas para que no te despierten.
Cuando empecé está sección le pregunté sobre de qué podía escribir. Ella me enseño el mapa del mundo, el dios de las pequeñas cosas, la realidad escondida y disimulada que vemos pero no miramos.
Si dulzura carismatica, la manera de decir las cosas, las sugerencias de lo que podemos anotar en un cuaderno de bitácora para viajar en el océano de las olas que llegan a nosotros tan iguales y tan distintas.
–¡Paloma, ya lo tengo! Espero tu opinión.
–Paloma, ¿tú cómo lo ves?
Paloma, Paloma, Paloma.
Echo a andar y siempre pienso en el cañonazo metido en una botella que llegará a la redacción, pienso en las personas que te impulsan, que te motivan para que no te rindas, para que no te canses, para que te atrevas a abandonar el camino y buscar otras rutas.
“Te espero en el cañonazo del viernes, envíamelo cuanto antes, te reservo tu espacio, tu sitio, tu isla.”
Acuérdate que vamos mal de tiempo.
“Si a tu ventana llega una paloma, tratala con cariño que es mi persona”, Sebastián de Iradier y Salaverri la compuso en el año 1863. Es posible que pensara en mi y en ella.






