Querido abuelo Mustafa,
hoy te escribo mirando hacia arriba, hacia ese cielo que ahora es tu hogar, con el corazón lleno de amor y una nostalgia que abraza y aprieta al mismo tiempo.
Quiero contarte algo que sé que habría llenado tu alma culé de un orgullo inmenso.
Tu Barça, ese equipo que te acompañó toda la vida, ese que te hacía vibrar con cada jugada y que tantas veces te arrancó sonrisas y lágrimas, tuvo que abandonar el Camp Nou. El estadio quedó en silencio, y nosotros sentimos ese vacío tan profundo. Fueron 909 días lejos de casa, refugiados en Montjuïc, 909 días de espera, paciencia y esperanza.
Pero hoy, abuelo Mustafa… hemos vuelto al Camp Nou.
Un Camp Nou renovado, brillante, diferente… pero con la misma alma que tú amabas, con ese espíritu que tú nos enseñaste a sentir desde niños. Regresamos a casa, como se regresa al corazón después de un largo viaje.
Fui al estadio con mi padre, con tu hijo, y mientras caminábamos por las gradas nuevas sentí algo muy profundo. Era como si estuvieras con nosotros, como si tus pasos siguieran el mismo camino, como si tu presencia —quieta, serena y llena de sabiduría— caminara a nuestro lado. Miré al césped y se me erizó la piel: en ese instante supe que este regreso no era solo nuestro, también era tuyo.

Pero hoy, abuelo, no solo vengo a hablarte del Barça.
Vengo a contarte algo que te habría emocionado profundamente: Nuestra AD Ceuta también está haciendo historia.
Ese equipo humilde, luchador, valiente, está ahora en Segunda División, Ceuta late fuerte, abuelo. Ceuta sueña. Ceuta avanza.
Y por eso, en homenaje a nuestra ciudad, a nuestras raíces, a todo lo que somos y todo lo que tú nos enseñaste a valorar, hoy asistimos al Camp Nou con los colores de Ceuta. Porque llevamos al Barça en el corazón, sí… pero también llevamos con orgullo la tierra que nos vio crecer, la tierra que tú amabas, la tierra que sigue escribiendo su propia historia.
Hoy, abuelo Mustafa, te dedicamos este momento doblemente especial: el regreso del Barça a casa y el ascenso del AD Ceuta en el fútbol español.
Dos historias de lucha, de fe y de identidad… dos historias que representan exactamente lo que tú nos enseñaste: que todo lo que se ama se defiende, que todo lo que se sueña se pelea, y que todo lo que se siente de verdad permanece para siempre.
Gracias, abuelo Mustafa, por dejarnos un legado que nunca morirá.
Descansa en paz, y sigue alentando desde las alturas.
Hoy el Barça volvió a casa…
y en nuestros corazones, tú también volviste con nosotros.






