Dicen los que escriben textos que, una vez evadido del teclado, el manuscrito grafiado pasa a ser pertenencia de quienes ejercen la paciente misión, y muchas veces indulgente, de leerlo y sentirlo. Se da incluso la paradoja de que la estricta intención de la autora se ve inmisericordemente aplastada por el “sentido popular”, llegando incluso la propia creadora a comulgar con la visión de “la calle” aunque esta nunca fuese la primigenia idea del concepto.
Algo parecido aconteció en 1967 con la canción “Los lobos han entrado en París” del autor y guionista francés Albert Vidalie (1913-1971).
Magistralmente interpretado por el mágico Serge Reggiani, cabalgando una soberbia música de Louis Bessières, aquel texto se basó en la noticia de unos lobos que, en aquel invierno, se vieron por Madrid. Sin más.
Sin embargo, nacidas de una pequeña y curiosa noticia de sucesos, aquellas estrofas se transformaron, de facto, tanto en el relato de la invasión nazi en Francia como de la resistencia que se le opuso (con muchísimas anarquistas españolas en sus filas, dicho sea de paso).
El tema relata como, poco a poco, y ante la indiferencia y la pasividad de casi todas, los lobos grises de toda Europa van avanzado hacia París hasta tomarlo y saquearlo. Más paralelismo con la invasión nazi, imposible.
El texto termina con dos líneas que llaman a la lucha porque, gracias al Amor y a la Fraternidad, siempre se terminan por expulsar a los lobos. Blanco y en botella (leche, para las despistadillas).
La canción, que vio la luz en 1967, fue cantada sistemáticamente en todas las universidades ocupadas durante el sesentiochero mayo francés.
Lo interpretado por Reggiani se tomó como una clara advertencia envuelta en versos y notas: lo sucedido en un pesaroso pretérito tiene constantemente vocación de volver a suceder si no se reacciona a tiempo, o si tan simplemente se va permitiendo por inconsciente dejadez o por irresponsable comodidad.
De esa forma, “Los lobos han entrado en París” se transformó en un grito de alarma, más en esa imperativa y constante vigilancia que deben mantener las sociedades que se quieren libres. Cabe recordar que, entre otras cosas, es menos complicado mantener alejados los grilletes que tener que despojarse de ellos. Axioma. Simple. Brutal.
Obviamente, también se quería dejar claro en las calles parisinas que las que abanderan la intolerancia y el autoritarismo nunca cejan en sus intenciones, de ahí la intensa vigilancia que debe llevarse a cabo.
Como quiera que consultar los manuales de Historia sigue sin ser lo nuestro, desgraciadamente, debemos afirmar que las condiciones para volver a enarbolar la canción de Vidalie se están volviendo a dar.
Así, podemos decir sin temor a equivocarnos que, en la actualidad, los lobos siempre se están aproximando de nuevo a París.
Y sí, en esas estamos...otra vez.
Como es fácilmente comprensible y comprobable, las invasiones a lomos de carros de combate no son la única manera de invadir la Democracia, de romper su sistema de libertades para instaurar un orden nuevo, aunque nunca descarte esa posibilidad, por muy remota que parezca. Sin embargo, si bien el camino puede llegar a ser diferente (sólo a veces) el objetivo siempre es el mismo: volver a la esclavitud pura y dura a mayor gloria de las poderosas y a la de sus chicas del servicio, esas que nunca faltan.
Estamos asistiendo a una espectacular subida de los populismos, al culto a la intolerancia, a la adoración de la líder ultra autoritaria bocazas con una verborrea bronca y desafiante (aunque mentirosa) como solución final. Nunca nada de todo esto es casual y, es más, es totalmente causal.
A cada periodo de Paz en el que se verifica una normalización de los derechos sociales, el rebote reaccionario nunca se hace esperar para contrarrestar, sino eliminar, lo conquistado.
Para este nuevo ataque combinado a la Libertad, se han reeditado los multiejes de la derecha extrema.
Algunos financiados por una Rusia que quiere ser imperial, otros por unos Estados Unidos que sueñan con romper la unidad europea, en algunos casos por los dos, depende. Lo que sí es común a los dos es que, invariablemente, están sostenidos por emporios económicos. Todos estos grupos coinciden en los métodos para llegar al Poder, escondiéndose bajo el escudo y la armadura del patriotismo y la bandera, y manipulando la información.
Así, la comunicación del mensaje que encierra el concepto de Patriota parece, pues, del uso exclusivo de aquellas que comulgan con la intolerancia, la violencia y el nulo respeto por las demás.
Al resto se nos quiere excluir del amor por nuestro país, de nuestra tierra, de trabajo por su grandeza, de su prosperidad y del progreso que en él vivimos. Si no eres como ellas, estás contra ellas. Simple y terrible. Invariable.
La bandera, otro símbolo del que se quieren hacer amas y señoras, parece sólo destinada a quienes se empeñan en salvarnos mediante cruzadas en nombre de la pureza ideológica de la extrema derecha.
Y no, rotundamente NO: la bandera no puede ni debe ser propiedad de unas pocas porque nace con la vocación de ser patrimonio de todas. De absolutamente TODAS.
Dicho sea de otro modo, la bandera no es patrimonio de las de Centro, de las de Derechas o de las de Izquierdas. Todas podemos y debemos tener como referencia la bandera de España. Fácil.
Ser patriotas, serlo de verdad, es luchar contra las corrupciones (inherentes al Poder, dicho sea de paso), contra las especulaciones salvajes, las privatizaciones de la Sanidad, de la Educación y de los servicios públicos en general.
Ser patriota es querer que al conjunto de los habitantes de tu país las cosas les vayan bien, que no tengan que gastar todo su sueldo en una vivienda o que una operación no se demore meses mientras que comisionistas y las grandes empresariales afines se llenen los bolsillos.
Pero no, al parecer para la paneuropea de la intolerancia, ser patriota es poner en el punto de mira a las migrantes que llegan a nuestras costas, las mismas que luego encontramos trabajando en los invernaderos, llevando a cabo el cuidado de nuestras mayores o limpiando nuestras mierdas. Pero eso, al parecer, no les molesta a las de la pureza de sangre.
Para los dirigentes de la extrema derecha, y quienes les sostienen, la Libertad en general y las mejoras de las condiciones de vida de las trabajadoras jamás es una prioridad. Nunca.
Estos nuevos-antiguos lobos siempre se han instalado en la burda provocación, en los bulos retransmitidos por medios creados ex profeso mantenidos con nuestro dinero público. Nada nuevo bajo el sol, todo está inventado. Pero no pasa nada porque nunca parece importar el nulo rigor informativo que salta a los ojos, siendo la suciedad su modus vivendi. Nos tragamos el anzuelo sin tan siquiera verificar fuentes o rechistar nada. Las dentelladas a la Democracia de los lobos siempre son eficaces.
El escritor norteamericano Mark Twain (“Cartas desde la Tierra”, entre otras obras), mente preclara, ya afirmó irónicamente que la verdad no te podía estropear un buen titular... ni una perfecta y articulada manipulación, claro.
Así, se esparcen mentiras para que converjan con una visión de la vida, la del pensamiento único. Cuando eso no basta, se adopta el conspiracionismo como exclusiva cedo ideológico basado en el “no tengo pruebas, pero tampoco tengo dudas”. Fina argumentación donde las haya. Esos colmillos suelen dejar graves infecciones sociales.
Estas patriotas (con “p” minúscula), lo hemos dicho, convergen tanto con el ruso Putín como con el norteamericano Trump. Tanto que, incluso desde los medios conservadores españoles ya se están exigiendo explicaciones.
El periodista Ángel Expósito de la cadena COPE (poco sospechoso de ser de izquierdas) hizo la siguiente reflexión/pregunta en redes sociales a raíz de un acto público que contó con las cabezas visibles de la extrema derecha europea:
(El texto es una transcripción literal)
“Quiero hacer un par de preguntas, imagino que retóricas, y aunque muchos empezarán a escupir cosas por las redes, pero yo las formulo tal cual y que cada cual responda...
Sobre la reunión-mitin de “Patriots” con Vox y sus socios de este grupo europeo en Madrid el pasado fin de semana. Preside Santiago Abascal, le acompañaron el húngaro Victor Orban, el holandés Wilders, el italiano Salvini y [la francesa] Marine Le Pen.
Un par de cuestiones:
1: Aparte de los pactos, los órdagos y aparte del peloteo a Donald Trump constante hasta un cierto ridículo, la pregunta es ¿están de acuerdo en Vox con el plan de Donald Trump de montar un ressort, un super Marina d’Or, en la Franja de Gaza previa expulsión de millones de palestinos para no volver nunca?
Es muy fácil: sí o no, como solución a la guerra y al conflicto permanente en Oriente Medio.
Y 2: ¿Coinciden en Vox con Victor Orban, y otros, en su apoyo a la guerra de Putín en Ucrania? Porque es la madre del cordero...
¿Queremos que el modelo de la Unión Europea sea el modelo de Putín en Rusia?”.
Dudo de que Abascal y su cúpula contestasen a Expósito, pero quizás a los seguidores de Vox, y en el propio PP, les convendría reflexionar en ello, aunque sea un poco, porque algunas de las facciones del PP (fundación FAES, incluidas) con barones y baronesas a la maniobra se equiparan a la extrema derecha, probablemente porque también lo son, en un zafio intento de no perder votos por estribor. Batalla perdida de antemano, nadie confía en las imitaciones.
Usted, como siempre, sabrá lo que más le conviene, pero parece que, nos guste o no, los lobos están cada vez más cerca de París, y de nosotras depende lo que pueda acontecer.
Por nosotras pasa depositar la confianza, o no, en quienes apoyan a un presidente norteamericano que, entre otras lindezas, frie Europa (y por ende a España) a aranceles o quienes le dan calor a un Putin que está reinventando el sistema estalinista, exterminando a opositores e intentando reverdecer el blasón despótico de un neoestalinismo rebozado en un zarismo de nuevo cuño. Todo un plan.
Ya lo dijo el italiano Antonio Gramsi de forma clarividente:
“El viejo mundo se muere, el nuevo tarda en aparecer y en ese claro surgen los monstruos”.
Aunque comunista y al servicio de Stalin (dictador por antonomasia), la reflexión no deja de ser oportuna y de actualidad.
Como bien decía mi Querido Hermano Juan hace pocos días, la clave está en tener la capacidad de saber ver, poder analizar y tener el valor de reaccionar, ahora, ante tanta locura e intransigencia. Luego, será tarde...y ese “luego” llegará pronto.
Aviso para la chavalería: posicionarse contra quienes convierten las cadenas y los bozales en lo cotidiano no significa, en ningún caso, permitir las perversiones y las corrupciones de ningún tipo. No debemos olvidar que la corrupción, además de una vileza, es el alimento de los lobos y, por si fuera poco, no sumerge a todas un poco más en la pobreza. No confundamos, pues: estar contra la extrema derecha por lo que representa, defiende y quiere imponer no equivale a un cheque en blanco a las demás formaciones políticas. ¿Capisci? Pues eso...
Un dato más que, en este planeta H2SO4 nos parece preocupante: la facilidad con la que, con burdas mentiras y altivas arengas cargadas de aire envueltas en una hábil manipulación mediática se logra engañar a tanta gente en tan poco tiempo. Y mientras eso ocurre sin ningún tipo de mesura, vergüenza o disimulo, mientras comprobamos como Steve Banon ha sabido reinventar con éxito a Goebbels (“una mentira mil veces dicha, se convierte en una gran verdad”), asistimos, de forma sistemática, a una campaña de linchamiento minuciosamente organizada contra las pocas que aún se atreven a hablar claro, con pruebas en manos, para desmontar tanta mierda informativa.
Se amenaza a la libertad de prensa, se amenaza (hasta de muerte) a las informadoras en total impunidad; en definitiva, se quiere erradicar la libertad de expresión. ¿Exageraciones? Ojalá...
Mientras nos acercamos a la distopía vislumbrada por George Orwell (otro al que llamaron agorero catastrofista en su momento), nosotras, indiferentes a la realidad, continuamos, como las vacas que ven pasar el tren, tranquilas y a lo nuestro.
Penoso.
Además, la más que justificada falta de confianza de la ciudadanía en la clase política, establecida en una suerte de casta endogámica, provoca la preocupante existencia de una tendencia de pensamiento que defiende que “la derecha ultra nunca ha estado en el poder, probemos, pues”. En Francia, casi el 35 % del electorado piensa votar a la extrema derecha en las presidenciales, sea quien sea el candidato. Esto le aseguraría la presidencia de la República en la 2ª vuelta.
Al respecto, y por una parte, bueno será recordar que desde Platón se viene repitiendo -con razón- lo de las castas políticas, lamentablemente nada nuevo bajo el sol. Por otra tenemos ejemplos históricos de las consecuencias de gobiernos de extrema derecha. Y si no queremos ir tan arriba en el tiempo, Orban en Hungría o los gobiernos de Valencia y Castilla León, son buenos ejemplos. Desgraciadamente, siempre acabamos prefiriendo que nos lleven en rebaño a pensar por nuestra cuenta. Así nos va. Semos ñus.
Así, pues, no se trata ya de plantearse si en Democracia cabe todo, se trata de entender que cuando la extrema derecha llega al poder se acaba la Democracia y empieza el imperio del dinero.
Tal cual. Fin.
La Doctrina del Shock (Naomi Klein) nunca se para en medios, ni en terrores, para imponer la ley de las poderosas. Para ejemplo palmarios, la Chile de Pinochet o la Gran Bretaña de Tatcher.
En España, los territorios en los que los votos de la extrema derecha son necesarios, su doctrina se ha impuesto con violencia, pero no sólo ahí. En una loca carrera por el “y yo más”, las autonomías del PP (Ceuta es una rara avis en este tema, bueno será apuntarlo) se alinean con las tesis de la extrema derecha. De hecho, se galopa desbocadamente y sin disimulo hacia el desmembramiento de los servicios públicos mediante una privatización sin cuartel. Y eso sólo es el inicio.
Para cuando por fin constate que los lobos son, definitivamente sus amos, usted estará encadenada a la galera sin otra posibilidad que la de remar a latigazo limpio al ritmo del cara al sol de turno.
Los lobos de hoy ya saludan a sus líderes como lo hacían otras en 1933. Esto está empezando. Advertidas quedan.
En los muchos París existentes, los lobos, que inexorablemente avanzan al nuevo paso de la oca, afilan garras y mandíbulas para lanzar sus ataques. Los lobos del siglo XXI ya huelen a sangre... la de todas nosotras.
Nada más que añadir, Señoría.






