Vuestras palabras me han tocado el alma. Lo que hice ese día no fue por protocolo ni por llevar un uniforme. Fue por corazón. Porque cuando alguien necesita ayuda, no hay etiquetas, no hay condiciones: solo humanidad. Y yo creo firmemente que estamos aquí para eso, para ayudarnos, para socorrernos, para salvarnos.
Hace años decidí formarme para estar presente en momentos como ese. Aprendí que socorrer es salvar vidas, y esa enseñanza me la dieron Isa y Ángel, de Cruz Roja. Desde entonces, lo llevo en la sangre. Y el 29, simplemente actué como lo que soy: una persona comprometida con el deber de ayudar, sin importar quién esté delante.
Pero lo que más me ha emocionado ha sido recibir tantas llamadas de personas que sabían que había sido yo. ¡No paraban de felicitarme! Mis pedazo de compañeros de EULEN Frontera y mis compañeros de Amgevicesa compartieron conmigo la noticia con orgullo, cariño y admiración. Me hicieron sentir reconocida, valorada y profundamente acompañada. Gracias por vuestra ayuda, por vuestras palabras, y por hacerme sentir que lo que hice tuvo sentido.
A vosotros, familia, os doy las gracias por permitirme saber que mi gesto os llegó. Y a mis compañeros, gracias por recordarme que no estoy sola, que somos equipo, y que juntos hacemos la diferencia.
Con todo mi cariño, la rubia de frontera.






