El pasado jueves familiares, amigos y vecinos despedíamos a la tita Kiki en su Iglesia de toda la vida. Su nieto dijo a los presentes que pensaba que iba ser eterna y que vivía la vida intensamente, como si tuviera muchos años menos, y que cualquier acontecimiento lo disfrutaba más que ninguno de los presentes.
Esa era la tita Kiki, pero la tía Kiki era mucho más. Era la que dejó a su familia en Algeciras para acompañarme en la enfermedad de mi padre, la que me acompañó en una ambulancia para Ceuta cuando ya no había nada que hacer. La tita Kiki fue la que se trasladó a Cádiz para atender a un sobrino que estaba enfermo. La tita Kiki fue la que se fue a Sevilla para acompañar a mi madre cuando estaba enferma y después a Ceuta para atenderla. La que se quedó con mi hijo recién nacido cuando nos tuvimos que trasladar urgente a Sevilla y la que atendió a mi hermana en unos momentos difíciles.
La tita Kiki fue la que recogió en su casa a la hija de una prima cuando pasaba una mala racha y la que tenía las puertas abiertas a los muchos que tocaban para alojarse por haber perdido el barco en aquellos años que no había tantas rotaciones. La tita Kiki era la que estaba dispuesta en atender y ayudar a cualquiera que lo necesitara.
La tita Kiki fue la que bautizó como “informe semanal” comer un día los restos de toda la semana. Un informe semanal que se ha hecho famoso en la familia y entre los amigos de mis hijos. La tita era la tía famosa de las amigas de mis hijas, la que les hacía comentarios en Facebook, la que a pesar de sus 88 años estaba al loro de las redes sociales.
La tita Kiki fue la que a pesar de su enfermedad dijo que desayunaba en un bar próximo tres días antes de fallecer o la que fue a la peluquería dos días antes de dejar una vida que le fue bonita y que disfrutó junto al tito Pepe como ningún otro matrimonio.
La tita Kiki fue una adelantada a sus tiempos por muchas razones que sería imposible relatar sin dejarnos muchas vicisitudes atrás, pero, sobre todo, fue la que estuvo pendiente de sus nietos y dispuesta para socorrer a cualquier familiar o conocido. Esa era ella.
Su nieto la retrató perfectamente en un emotivo relato a los que estuvimos en su despedida, aunque se equivocó, porque la tita Kiki será eterna para los que tuvimos la suerte de conocerla y disfrutarla porque la recordaremos siempre como esa persona especial, dispuesta en ayudar, dispuesta en disfrutar y vivir cada día como si fuera el último.
Aquí, al otro lado del Estrecho, donde estemos, la tita Kiki estará presente todos los días y echaremos de menos sus WhatsApp y llamadas.
Hasta pronto tita, te queremos y jamás te olvidaremos.






