Después de la crisis de mayo del año pasado, una vez aparentemente superada de forma definitiva la fase más crítica de la pandemia de la covid-19 con sus graves consecuencias económicas y tras la reapertura de la frontera, Ceuta debe ver en 2023 cumplidos y ejecutados los compromisos adquiridos por todos para superar esa triple crisis a la que se ha sumado la institucional y social que han azuzado los que aprovechan todo para intentar sembrar la división entre los caballas en beneficio electoral propio.
El próximo ejercicio tiene que ser, tal y como ayer planteó el presidente de la Ciudad, un año de hechos y no de promesas aprovechando las citas electorales que se avecinan.
La Administración General del Estado debe ser diligente en el desarrollo de las medidas contempladas con enormes inversiones en el Plan Integral de Desarrollo Socioeconómico de Ceuta y concretar normativamente de una vez la integración de la ciudad en la Estrategia de Seguridad Nacional, resolviendo las dudas pendientes sobre la exigencia definitiva de visado en el Tarajal y la apertura en condiciones de la aduana comercial. Para todo ello es precisa una estrategia común “decidida, enérgica y constante” que permita aprovechar todas las potencialidades de Ceuta (puerto, turismo, comercio, servicio a las empresas, capacidad de empleo...) reforzando la presencia del Estado y fortaleciendo la confianza en la ciudad y en su sociedad, que debe entender y defender la unidad como su principal fortaleza.






