Se llamaba Yahya y tenía solo 16 años. Murió al intentar el cruce a Ceuta desde Marruecos, en una de las noches de mayor temporal que se recuerda. Hoy se ha procedido a su traslado a Marruecos en donde por fin se podrá proceder a su entierro tras lograrse su identificación.
La Funeraria Al-Qdar ha cruzado esta mañana la frontera del Tarajal con los restos de Yahya, cuya ausencia había sido denunciada por su propia familia.
El joven cruzó con un teléfono móvil en su poder. No funcionaba, por eso, aunque su madre no paraba de llamarle nunca le respondía. No sabía que había muerto en el intento de pase a nuestra ciudad en una noche marcada por el frío, la lluvia y el oleaje.
La Guardia Civil sí pudo comprobar el nombre del usuario de ese móvil, coincidente con el del menor.
Familiares residentes en España se desplazaron hace unos días a la Comandancia de la Guardia Civil no solo para denunciar la desaparición del adolescente sino también para reconocer al fallecido.
Ese paso, importante en todos los casos de desaparecidos, ha servido para agilizar los trámites para llevar a cabo el traslado de Yahya Bakkali a Larache, en donde será enterrado y despedido por su familia.
Consta como identificado oficialmente en el juzgado tras la tramitación que, sobre este asunto, ha realizado el Laboratorio de Criminalística de Policía Judicial de la Guardia Civil.
El joven se echó al mar en la madrugada del 28 de febrero, una de las peores noches en cuanto a número de desaparecidos que se recuerda. Horas después, Salvamento Marítimo localizaba su cuerpo sin vida en el mar.
Yahya había muerto esa misma madrugada en la que la Guardia Civil no paró de hacer rescates. Portaba un chándal negro, pero entre sus prendas no se dio con ninguna identificación, lo que ralentizó las posibilidades de saber quién era.
Muchos menores quisieron cruzar esa misma noche y todavía hoy no se sabe dónde están. Fueron varios los que salieron juntos desde Castillejos, pero nunca llegaron a este lado de la frontera.
Murió Yahya en Ceuta, al otro lado fue encontrado el cadáver de otro argelino que había intentado también ese mismo cruce. Otros tantos ni se sabe dónde están.
Días después de que el joven muriera sus familiares solicitaron ayuda para dar con él. La coincidencia del nombre y la ropa que portaba ya apuntaban a que pudiera estarse ante una nueva tragedia asociada a la inmigración.
La llegada de familiares permitió verificar que, efectivamente, el cuerpo sin vida era el de Yahya, posibilitando que ahora su madre, la que había clamado por su paradero, pueda despedirle y enterrarle.
Este adolescente era huérfano de padre y su madre estaba desesperada ante la total ausencia de noticias.
Este joven murió, otros pudieron salvar sus vidas gracias a la intervención rápida de la Guardia Civil que en pleno temporal lo dio todo para evitar muchas más muertes en el mar, luchando contra las olas y en un periodo de enorme presión en la frontera sur.
Una presión que no cesa, como tampoco las víctimas que terminan aquí sus vidas cuando pensaban que estaban llevando a cabo una travesía con la que dejarían atrás Marruecos y comenzarían una nueva etapa en España.
La Guardia Civil siempre advierte de que hay que denunciar las desapariciones además de aportar las muestras de ADN para que luego puedan llevarse a cabo las identificaciones que, al menos, sirvan para aliviar el dolor entre los seres queridos que los seguían buscando.
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