Este martes, más de 16.000 alumnos regresan a las aulas en una vuelta al colegio inédita en la historia reciente de Ceuta. No será un inicio de curso cualquiera. No lo será porque la ciudad sigue tratando de recuperarse de una crisis que, desde finales de julio, ha alterado la vida cotidiana de miles de familias. Tampoco porque, por primera vez, muchos padres afrontan el primer día de clase con dudas que van mucho más allá de los libros, los horarios o el material escolar.
La imagen de colegios protegidos por dispositivos extraordinarios de seguridad, con vigilancia privada, presencia policial y medidas excepcionales, es la prueba más evidente de que la normalidad aún no ha regresado a Ceuta y la ansiada rutina de la vuelta a clase será un primer paso hacia cierta normalidad, al menos para los alumnos, sin embargo la situación nos dice que estamos aún lejos de alcanzarla.
Los propios responsables educativos lo reconocen. “Normalidad no va a haber hasta que volvamos a la situación anterior a estos hechos”, admite el director provincial de Educación, Cristóbal Guzmán.
Este martes, además, Ceuta recibirá la visita de la ministra de Educación. No es una visita cualquiera. Llega en un momento en el que la comunidad educativa necesita algo más que mensajes de tranquilidad: necesita certezas, recursos y compromiso. La presencia de la ministra debe servir para comprobar sobre el terreno las dificultades que afronta la ciudad y para trasladar un mensaje claro a las familias, a los docentes y a los alumnos.
En ese desde de recobrar la normalidad, la vuelta al cole debe producirse con eso, con la mayor normalidad posible.
Porque la educación no puede quedar suspendida a la espera de que desaparezcan todas las incertidumbres. Porque los niños y jóvenes de Ceuta ya han vivido un verano demasiado largo, marcado por el miedo, la preocupación y una realidad que no les corresponde gestionar pero con la que se ven obligados a lidiar. Y porque las aulas representan hoy algo más que un espacio de aprendizaje: son un símbolo de estabilidad en medio de la incertidumbre. Es el primer gran examen de resistencia de Ceuta tras una crisis de la que hemos visto su comienzo y de la que estamos ansiosos por ver, también, su final.
Eso no significa ignorar los temores de muchas familias. Son comprensibles. Hay padres que acompañarán a sus hijos hasta la puerta del centro, otros que han decidido esperar unos días y muchos que se preguntan si la ciudad está realmente preparada para este regreso.
Pero precisamente por ello resulta fundamental que las administraciones estén a la altura y mantengan un diálogo permanente con la comunidad educativa.
La crisis también ha dejado sobre la mesa interrogantes que seguirán presentes durante todo el curso: la escolarización de los menores extranjeros que permanecen en Ceuta, la presión sobre los recursos educativos o la necesidad de reforzar el acompañamiento psicológico a alumnos y docentes.
Son desafíos que exigen planificación, recursos y una respuesta coordinada.
Pero de lo que no cabe duda alguna es que este martes toca dar el primer paso. Abrir las puertas de los colegios es también una forma de afirmar que Ceuta no renuncia a seguir adelante, a salir de este duro momento que estamos viviendo. Que, pese a las dificultades, la ciudad mantiene intacta su apuesta por la educación, por la convivencia y por el futuro.
Y es que la educación siempre ha sido una de las mejores herramientas para reconstruir la confianza y mirar hacia adelante. Por eso, en medio de la incertidumbre, la vuelta al colegio debe entenderse también como una declaración: Ceuta no puede permitirse detener su futuro.
La vuelta al cole de 2026 no estará marcada por la normalidad. Estará marcada por la resistencia. Y quizá esa sea la lección más importante que nuestros alumnos puedan recibir en estos momentos.
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