La pregunta en estos momentos resulta inevitable: ¿de verdad no existen otras ubicaciones alternativas para instalar un centro capaz de acoger a 1.000 personas que poner en juego la actividad de una infraestructura estratégica como el Puerto de Ceuta? La emergencia migratoria exige respuestas y nadie discute la necesidad de atender a quienes permanecen sin alojamiento de cara a los procedimientos que se tienen que poner en marcha para encauzar la solución a esta crisis en la que nos hemos visto inmersos Ceuta y los ceutíes.
Pero una cosa es afrontar una situación excepcional y otra muy distinta comprometer uno de los principales motores económicos de la ciudad. El Gobierno ha decidido ocupar 16.000 metros cuadrados del Muelle de Poniente para instalar este recurso, pese al rechazo del Consejo de Administración de la Autoridad Portuaria. Las obras avanzan y las primeras carpas ya están instaladas.
Y conviene decirlo claramente: esto ya no es únicamente una cuestión vecinal. Durante estos días se han producido movilizaciones de residentes de Parques de Ceuta y Junta de Obras del Puerto, preocupados por la proximidad del centro a viviendas, comercios y colegios. Pero ahora estamos hablando de palabras mayores.
Estamos hablando del Puerto de Ceuta, de su actividad, de su seguridad y de su futuro. No es un solar vacío. Es una infraestructura estratégica en la que conviven el tráfico de pasajeros, el avituallamiento a buques, la actividad logística y servicios esenciales.
A su alrededor se encuentran, además, instalaciones sensibles, entre ellas depósitos de combustible o la propia generación del suministro eléctrico a la ciudad, a solo unos pasos. Durante años, la Autoridad Portuaria de Ceuta ha trabajado para convertir su puerto en un polo comercial y en uno de los pulmones económicos de la ciudad. Todo ese esfuerzo no puede quedar condicionado por una decisión adoptada con carácter excepcional.
No hace tanto, y aún está en la memoria reciente, la situación en la que se encontraba nuestro puerto hace unos años era bien distinta. Ha luchado por convertirlo en un polo de desarrollo para Ceuta, no solo a nivel de instalaciones estratégicas, incluso para aquella Ceuta azul y verde e inteligente que se ha perseguido y en la que se han centrado todas las apuestas y los esfuerzos para cambiar el modeloeconómico que ya estaba agotado por uno más tecnológico y digital.
La propia documentación estatal reconoce que la ocupación puede incrementar riesgos para infraestructuras críticas y para la operativa portuaria. Entonces, ¿por qué asumirlos? Ceuta necesita soluciones para la crisis migratoria, pero también necesita proteger aquello que genera empleo, actividad y riqueza.
El Gobierno ha encontrado una solución rápida para un problema urgente, pero no necesariamente una solución adecuada. Porque una emergencia humanitaria no puede terminar convirtiéndose en una emergencia económica. Atender a las personas es una obligación. Proteger el Puerto y el futuro de Ceuta, también.
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