Aznar dice que “la inmigración latinoamericana viene a trabajar” y la musulmana “sí provoca problemas”. Este fue el titular de eldiario.es que la diputada de Ceuta Ya!, Julia Ferreras, reprodujo de manera íntegra durante la pasada sesión de control para dejar constancia del penúltimo episodio islamófobo proveniente del Partido Popular, personificado, esta vez, en la figura de un ex presidente del Gobierno que, además, continúa ejerciendo de líder espiritual de la derecha española. A continuación, Vivas decidió tomar la palabra para decir lo siguiente: “El señor Aznar no se estaba refiriendo, en ningún caso, a los musulmanes de Ceuta y Melilla; el señor Aznar estaba hablando de inmigración. Los musulmanes de Ceuta y Melilla no tienen nada que ver con la inmigración. Entre el señor Mustafa y yo no hay ninguna diferencia en cuanto a nuestra nacionalidad. Ninguna”.
Tras esta primera, digamos, “aclaración” de las palabras de Aznar, el Presidente de la Ciudad procedió, hay que reconocerlo, a desmarcarse del mensaje lanzado por el siniestro integrante del trío de las Azores: “Esto ya es de mi cosecha, no lo ha dicho el señor Aznar. Yo no creo que ninguna persona, por razón de su credo o de su origen, sea un problema. Ninguna”. Sobre la segunda parte de la intervención de Vivas, nada hay que objetar desde una perspectiva democrática y antirracista. Ahora bien, sí que merece alguna puntualización lo manifestado previamente. O, mejor dicho, la intención que subyacía en lo manifestado previamente.
Al especificar que Aznar estaba haciendo alusión a los musulmanes inmigrantes y no a los musulmanes ceutíes (a pesar de que Ceuta Ya!, en ningún momento, había establecido ninguna confusión al respecto), lo que Juan Vivas pretendía no era otra cosa que eliminar cualquier viso de molestia e indignación entre el colectivo musulmán local. Estaba queriendo trasladar, básicamente, esto: “Aznar hablaba de otros y no de vosotros, por lo tanto, vosotros no tenéis que enfadaros”. La trampa es más que visible para cualquiera que sepa razonar mínimamente. Y es que, si dices, como ha hecho Aznar, que el inmigrante latinoamericano es “bueno” y el inmigrante musulmán es “malo”, resulta obvio que estás diciendo que, mientras que no hay ningún problema en ser inmigrante ni en ser latinoamericano, sí que lo hay en ser musulmán. De las tres condiciones citadas (inmigrante, latinoamericano, musulmán), la condición que Aznar señala como “problemática” es la de musulmán. Ergo, cualquier musulmán, sea o no migrante, tiene razones más que de sobra para sentirse interpelado y ofendido.
Aznar no hablaba de inmigración; Aznar hablaba de musulmanes. Y Juan Vivas, que no es ningún idiota, era plenamente consciente de ello cuando trató de “echar un capote” a su antiguo jefe. Por suerte, y a pesar de los humillantes asentimientos de cabeza que, provenientes de musulmanes al servicio del PP, se vieron en el Pleno mientras el Presidente acudía al rescate, no lo consiguió. Es más, sus palabras han tenido el efecto contrario. Al menos, entre quienes, lejos de comulgar con la propaganda lanzada por el Gobierno de la Ciudad en redes, han mostrado interés real en el asunto.
El racismo es algo interiorizado. Y por esa misma razón, es común que sus expresiones cotidianas sean inintencionadas, que aquel o aquella que acaba de manifestar un comportamiento racista ni siquiera sea consciente de ello. O que, incluso, considere que ha tenido un gesto de cortesía. Amigos musulmanes (unos cuantos) me han contado episodios (unos cuantos) en los que, a modo de halago, alguien les ha soltado un “tú no eres como ellos”, o similar, en relación con el resto de musulmanes. Lo mismo sucede si hablamos de otros colectivos racializados e históricamente discriminados y reducidos a estereotipos culturales basados en el prejuicio. Cuando hace poco, en un acto social, uno de mis mejores amigos comentó que su padre era gitano, alguien le contestó: “¿Que tu padre era gitano? ¡Con lo educado que era!”. Tampoco son pocas las veces que, como “piropo”, le han dicho que “no lo parece” al contar que él mismo (naturalmente) es medio gitano.
Para reconocer tu valía, primero te separo del grupo al que perteneces, que es un grupo al que desprecio. Es decir, sólo te valoro una vez que, en cierta medida, considero que has dejado de ser lo que eres.
Intentado que los musulmanes ceutíes no se molestaran por las palabras de Aznar, Juan Vivas no se dio cuenta de que estaba haciendo una defensa de tal (racista) forma de razonar. Vivas dijo, literalmente, que “el señor Aznar no se estaba refiriendo, en ningún caso, a los musulmanes de Ceuta y Melilla”. Traducción: “El señor Aznar sólo considera problemáticos a los musulmanes del resto del mundo, los de Ceuta y Melilla sois distintos”. En definitiva, tú no eres como ellos, no pareces uno de ellos y tu padre era muy educado. Se acabó la polémica. No te enfades con Aznar, que él no tiene nada contra ti, Mohamed.






