Nuestro mes de agosto, con la llegada de las Fiestas Patronales y la Feria es, sin duda, uno de los momentos más esperados del año para todos. Un espacio para el reencuentro, la alegría, el bullicio, la tradición y la cultura popular. Es una celebración que nos pertenece a todos y que refleja lo mejor de nuestra identidad colectiva. Pero precisamente por eso, también es un escenario donde se pone a prueba nuestra capacidad de convivencia y respeto mutuo.
Lamentablemente, no faltan cada año los típicos excesos derivados del consumo irresponsable de alcohol, la suciedad, los altercados, el maltrato al mobiliario público y un amplio catálogo de situaciones. Actitudes que no solo molestan, sino que deterioran el espíritu de la Feria, alejando a familias, mayores y vecinos que quieren vivirla en paz.
Respetar las normas significa hacer posible que todos podamos disfrutar por igual, sin que unos pocos impongan su forma de divertirse sobre los demás, como fue el caso de la caseta clausurada la madrugada del viernes porque ‘alguien’ dispersó gas pimienta, o el herido, en esa misma madrugada, por arma blanca en una pelea en la zona de las atracciones.
Nos quedan aún 3 días para disfrutar de unos días de fiesta y reencuentros con familiares y amigos. Por eso es necesario que hagamos todos un esfuerzo mayor por vivir nuestra feria en un entorno de tranquilidad en el que sabemos que nuestras Fuerzas y Cuerpos de seguridad velan por nosotros, como lo han demostrado este viernes con su amplio despliegue por el ferial y aledaños, pero es indispensable que pongamos de nuestra parte.
Porque la Feria no es solo una fiesta: es un reflejo de cómo somos y seguro que sabemos hacerlo mejor y garantizar así unas fiestas seguras para todos, porque todos nos merecemos una Feria segura.






