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Vitoria-Gasteiz: un modelo a imitar

Por Septem Nostra
15/11/2025 - 07:35
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Imágenes cedidas

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La semana pasada viajé a Vitoria por motivos profesionales. Es la tercera vez que visito la capital alavesa y reconozco que me encanta esta ciudad vasca. En las anteriores ocasiones, aprovechando algunas horas libres en las jornadas de trabajo, recorrí sus principales puntos de interés cultural, como la Catedral de Santa María, la Catedral Nueva, el centro histórico que aún mantiene el trazado medieval, o los principales museos (arqueológico, Bellas Artes, Armamento, etc…). Me había quedado con ganas de conocer el “anillo verde” de Vitoria, así que tuve claro que no podía dejar pasar la oportunidad de recorrerlo en esta ocasión.

El “anillo verde” de Vitoria-Gasteiz es un conjunto de parques que rodean la ciudad. Estos parques son el resultado de un ambicioso proyecto de restauración ambiental de la periferia degradada para convertirla en un espacio de alto valor ecológico y en la principal zona recreativa de la ciudad. En total se distinguen diez espacios naturales conectados entre sí en un perimetro de treinta y ocho kilómetros. Debido al limitado tiempo que disponía para visitar el “anillo verde” seleccioné dos de los parques: el bosque de Armentia y los humedales de Salburua. Al primero llegué utilizando el servicio público de Vitoria, uno de los más modernos de nuestro país y modelo de movilidad sostenible en Europa.

El bosque de Armentia conecta de manera casi imperceptible la ciudad con la espesa cobertura arbórea tan característica del norte peninsular. A la entrada del bosque se localiza un cartel informativo con las distintas rutas que puedes disfrutar en un agradable paseo bajo frondosos árboles entre los que vuelan una gran cantidad y diversidad de aves. Me llamó la atención en el acondicionamiento de un amplio espacio para que los perros puedan estar sueltos, aunque siempre acompañados de sus dueños. También hay un lugar acondicionado para hacer deporte y estrechos senderos en los que “emboscarse”, como dice mi admirado Joaquín Araujo. En ningún momento tienes la sensación de perderte, pues cada cierta distancia encuentras indicaciones sobre el punto donde te encuentras. No obstante, siempre que visitamos un lugar desconocido necesitamos un tiempo para trazar un mapa mental para que no nos invada la sensación de desorientación. Cuando ya lo tenemos dibujado en nuestra mente, comenzamos a deleitarnos con el paisaje en el que nos hemos sumergido y estamos en condiciones de dejarnos guiar por la intuición. Ella me condujo con un camino señalado por un mojón de madera que me llevó a la basílica de San Prudencio.

Cuando entré en la basílica de San Prudencio, una iglesia románica del siglo XII, me conmovió la sencillez de su estructura y, sobre todo, el contraste entre la oscuridad de la nave central y la luz natural que inundaba el crucero y el ábside del templo. En la más absoluta soledad me senté en los primeros bancos a escribir sobre mi experiencia en el bosque de Armentia, ante la atenta mirada de la imagen de Nuestra Señora de Estibaliz, co-patrona de Álava con San Prudencio. Pensé que había sido ella la que me trajo de nuevo a Vitoria para recordarme que está alojada en mi corazón y para que no olvide que la naturaleza que había recorrido durante las primeras horas del día es el templo exterior mantenido por su constante aliento vital. Nuestra Señora de Estibaliz porta en su mano derecha una flor que acaba de eclosionar simbolizando que ella es la que hace florecer y dar sus frutos a todos los seres vivos.

Tras mi visita al bosque de Armentia y a la basílica de San Prudencio me desplacé al centro de interpretación de Ataria, situado en el otro extremo de la ciudad de Vitoria. Es un edificio, perfectamente integrado en el entorno, en el que se expone una muestra interpretativa del humedal de Salburua. Este espacio museístico cuenta con un espacio para la lectura de obras de escritura de la naturaleza que me resultó muy atractivo. No lo fue menos el mirador que se asoma al mismo humedal para observar las aves acuáticas.

 

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A partir del centro de interpretación de Ataria se abren distintos senderos temáticos. Siguiendo el consejo del personal del espacio interpretativo tomé la llamada “Ruta Vital Verde” que rodea perimetralmente el humedal de Saburua. En esta ruta se solapan distintos itinerarios señalados por colores: verde para el botánico, amarillo para el herpetológico o el azul para la avifauna. Pude recorrerlo entero y observar un gran grupo de ciervos y una increíble cantidad de aves acuáticas desde unas cabañas de observación perfectamente diseñadas y con todo tipo de información sobre la avifauna de este humedal. Un humedal que, como muchos otros en nuestro país, fue desecado para acoger tierras de cultivos. Por fortuna, el cambio de visión de la naturaleza en la Vitoria de los años noventa propició su recuperación y, de paso, solucionó un problema recurrente en la ciudad, como era el de las inundaciones. Con gran astucia desecharon las soluciones ingenieriles, tan extendidas en nuestro país, de entubar los arroyos o simplemente rellenarlos con tierra. Por el contrario, han vuelto a recuperar los cauces de los arroyos que discurren al aire libre junto a determinadas avenidas de la ciudad para recuperar el flujo natural de agua a los humedales. No sólo se ha recuperado la conexión del agua con las zonas naturales inundables, sino que el bosque que abraza a la ciudad se ha ramificado por todas las calles de Vitoria y ha echado raíces en sus numerosos parques urbanos.

El árbol es el elemento paisajístico predominante en Vitoria. Hay miles y miles de árboles que por su altura y frondosidad tienen muchos años de vida, gracias al respeto del que gozan y del cuidado que le dispensan. Los ciudadanos de la capital alavesa saben que los árboles son su carta de presentación para seguir ostentando el título de “Green Capital” de Europa desde el año 2012. La constante labor desarrollada por el gobierno vasco y el Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz en el campo de la conservación y gestión ambiental han hecho de esta ciudad un referente ineludible de la sostenibilidad urbana en toda Europa y en el mundo. Este importante logro no se hubiera alcanzado sin la implicación de los vitorianos y vitorianas, cuya principal contraprestación es la alta calidad de vida de la que disfrutan en su día a día.

Lo observado en Vitoria contrasta, tristemente, con la realidad medioambiental de Ceuta. Aquí los espacios periféricos de la ciudad presentan un alto nivel de degradación ambiental con vertederos incontrolados por todos lados -a pesar del esfuerzo de la administración local para eliminarlos-, y con la cada vez mayor presencia de construcciones ilegales en el Monte Hacho o García Aldave o nuevas edificaciones, seguramente legales, en lugares de alto valor paisajístico, como el Sarchal. Son construcciones a la vista de todos, pero que escapan a la mirada de las administraciones que deben velar por el respeto a la normativa urbanística y la protección del patrimonio natural y cultural.

La Ciudad Autónoma de Ceuta, en vez de contener la expansión urbana hacia el Monte Hacho y García Aldave, lo favorece en el nuevo PGOU y no persigue con la contundencia necesaria la usurpación de las zonas protegidas o no urbanizables. Tampoco se puede salvar de nuestra crítica la falta de rigor de la administración central a la hora impedir la ocupación de espacio marítimo terrestre, el encauzamiento o contaminación de los cauces naturales de agua o la presencia de okupas en edificios militares declarados Bien de Interés Cultural, como el fuerte de la Palmera en el Camino de Ronda.

Si hubiera voluntad política, en vez de eslóganes vacíos como el de una “Ceuta verde, azul e inteligente”, las administraciones públicas habrían situado como centro y eje del proyecto de futuro para nuestra ciudad la protección y recuperación del patrimonio natural y cultural. De haberlo hecho el Monte Hacho podría haberse transformado en un “Parque Natural y Cultural” y el monte de García Aldave no estaría tan degradado tras tantas décadas de abandono y sucesivos incendios forestales. Tampoco se habría permitido que los principales arroyos de Ceuta se hubieran entubado o rellenado, como se ha hecho recientemente con la parte alta del arroyo de Benitez, o simplemente convertidos en vertederos, como el de Arcos Quebrados.

A diferencia de lo que ocurre en Vitoria, donde los árboles se miman, aquí se mutilan con podas salvajes o se cortan de manera impune. Salta a la vista la escasa presencia del verde en una ciudad dominada por el cemento, el hormigón y el granito de sus calles y plazas. Resulta urgente renaturalizar el espacio urbano y restaurar nuestro entorno natural. Está en juego nada más y nada menos que la calidad de vida de los ciudadanos de Ceuta. Como es de sobra conocido, Ceuta se sitúa entre los niveles más bajos de calidad vida en España, según el INE, con una de las esperanzas de vida más bajas del país y a la cola en dimensiones como la salud y el medioambiente. Si lo comparamos con los indicadores de calidad de vida de Vitoria la diferencia es abismal.

Los ciudadanos de Ceuta no podemos conformarnos con esta triste y dura realidad de vivir en uno de los lugares de España con los peores resultados en los indicadores de calidad de vida. Deberíamos ser mucho más exigentes con las administraciones para que resuelvan graves problemas ambientales, económicos y sociales que merman literalmente nuestra vida y, al mismo tiempo, ser autoexigentes con el trato que le dispensamos a la naturaleza y a los espacios urbanos. Si hay tantos vertederos incontrolados es por la sencilla razón de que algunos arrojan los residuos allí donde les place o construyen en terrenos que no les pertenecen.

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Comments 1

  1. Kebdana comentó:
    hace 5 meses

    Mi querido amigo Pepe:
    Los ceutíes no tenemos remedio al ser incapaces de darnos cuenta del valor de esta ciudad, de su belleza y de su encanto.
    El modelo de Ceuta era y sigue siendo un claro alegato al segregacionismo, y al poco o nulo interés por nuestros espacios verdes, nuestro patrimonio histórico y a una falta de cultura y sensibilidad de nuestros políticos hacia un modelo ecológico que integre desarrollo económico y sostenibilidad.
    Como se dice: "No se puede pedir peras al olmo"..
    Esa es la capacidad y el compromiso de los políticos, y lamentablemente los ceutíes no tenemos ese talante y ese nivel de implicación y educación que muestran los vascos.
    Si como gestos tan cívicos como tirar un chicle a la papelera, recoger las caquitas de nuestros animales de compañía, usar las papeleras instaladas en nuestras playas,...no están automatizados, poco o nada podemos hacer ante la incultura de las dos culturas mayoritarias de esta ciudad., a pesar del gran legado en valores y amor a nuestra ciudad, que nos dejaron los romanos y los árabes.
    Y como bien apuntaba Fidel Castro: " La cultura dejará de ser cuestión de élite cuando pertenezca a todo el pueblo".
    Y añado a todo ello, si en los colegios y en los hogares ceutíes, no se trabaje el respeto y amor a nuestra ciudad; sin esa base no habrá recorrido o actuación política que valga, que haga de Ceuta un modelo ejemplar de ciudad moderna y respetuosa con su entorno físico y legado histórico.

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