En esta X edición de la Cuna de la Legión, el Segundo Tercio tendrá una representación de categoría en binomio femenino con la participación de la sargento primero Virginia de Pradas y la dama legionaria Nayely Roxana Flores, guerreras que el año pasado ya pisaron pódium en categoría grupal en Ceuta.
La participación de ambas este año llega tras una experiencia previa que dejó huella. En la edición anterior afrontaron la prueba de los 50 kilómetros formando parte de un equipo femenino de seis integrantes que logro subir al pódium.
Aquel resultado fue, en palabras de sus protagonistas, “muy bonito”, no solo por el éxito deportivo, sino por lo que supuso para la representación femenina del Tercio.
En esta Cuna de la Legión 2026, el reto cambia. La distancia se reduce a 20 kilómetros y el formato pasa a ser por binomios, pero la exigencia no desaparece.
De hecho, para las dos legionarias, la preparación se mantiene prácticamente durante todo el año.
Además, la prueba no es solo una competición más del calendario. Es la carrera de la Legión de Ceuta. Durante semanas, el Tercio Duque de alba II de la Legión trabaja intensamente en la preparación logística del evento: montaje de instalaciones, organización de recorridos, acumulación de víveres para los miles de participantes, etc.
A todo ello se suma la presión y el orgullo de representar al propio Tercio en la competición.
La preparación física de De Pradas y Flores ha tenido que adaptarse al tiempo disponible, ya que la formación del binomio se decidió algo tarde, lo que obligó a optimizar el entrenamiento.
El plan se estructuró, según detalló de Pradas, en varias fases. Una primera se centró “en el fondo”, una segunda estuvo dedicada a mejorar la calidad y la intensidad y, finalmente, la tercera se focalizó en una semana de descarga previa a la competición.
Esta última es la más difícil para el binomio, ya que están acostumbradas a entrenar constantemente, pero la prueba también demanda la reducción de esfuerzos previos a la competición para evitar lesiones y un gasto de energía innecesario.
Las condiciones meteorológicas tampoco han ayudado durante las semanas de preparación. Algunos días el clima hizo imposible entrenar en el exterior, lo que obligó a trasladar parte del trabajo al gimnasio.
Allí reforzaron no solo las piernas, sino también el abdomen y los brazos, elementos clave cuando el esfuerzo se prolonga y la fatiga comienza a aparecer. “Cuando las piernas fallan, tiras de abdomen y de brazos”, explica de Pradas, especialmente en las subidas más duras del recorrido.
Aunque la prueba se desarrolla por un terreno que conocen bien, gran parte del entrenamiento se ha centrado en pista y trabajo de velocidad.
El objetivo era acostumbrar al cuerpo a mantener el ritmo alto durante la distancia de 20 kilómetros. También han incorporado sesiones de cuestas para preparar dos de los puntos más exigentes del recorrido.
Las expectativas del binomio son claras y Nayely Roxana lo resume sin tapujos: el objetivo es subir al pódium y luchar por la primera posición.
Sin embargo, más allá del resultado, ambas coinciden en que lo importante es terminar la carrera con la sensación de haber dado todo lo que llevan dentro.
Para lograrlo se han marcado también una referencia temporal: completar el recorrido en menos de dos horas.
El recuerdo del pódium logrado el año pasado sigue muy presente. Aquella segunda posición superó incluso las expectativas iniciales, ya que era la primera vez que se presentaban juntas como grupo femenino.
Ahora, el desafío consiste en repetir ese éxito y volver a colocar al Tercio entre los mejores.
Representar a su unidad es, para las dos, uno de los mayores motores durante la carrera. Cuando el cansancio aparece, ver a compañeros animando en distintos puntos del recorrido se convierte en un impulso extra.
“Cuando la cabeza ya no puede más y un legionario te anima, se tira mucho de ahí”, señala de Pradas.
El recorrido, sin embargo, no perdona. Nayely destaca especialmente dos subidas que pueden marcar la adversidad: la del Hacho y la que se encuentra cerca del acuartelamiento García Aldave, “muy inclinada”.
A ello se suma la dificultad de gestionar bien la salida. Un ritmo demasiado alto en los primeros kilómetros puede pagarse más adelante, especialmente en los tramos técnicos de piedra o en ascensos prolongados.
La estrategia del binomio se basa precisamente en controlar esos momentos clave: dosificar fuerzas en las subidas, aprovechar las bajadas para recuperar y mantener un ritmo constante que permita llegar al tramo final con energía suficiente, sin dejársela toda en la salida.
Por otro lado, la ventaja con la que juega el binomio es el conocimiento del terreno, así lo ha trasladado de Pradas.
Con los motores calentados, las ganas focalizadas en la Cuna de la Legión y el espíritu legionario por bandera, este binomio del segundo Tercio está totalmente preparado para afrontar la prueba con todas las de ganar.
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