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San Fernando: el legado del Rey Santo que guía al Arma de Ingenieros

Cada 30 de mayo, el Ejército de Tierra celebra la festividad de su patrón más polifacético. Fernando III de Castilla, el unificador de reinos y constructor de catedrales, sigue custodiado siglos después por los soldados que heredaron su espíritu de vanguardia.

En la pequeña localidad zamorana de Peleas de Arriba, allá por el año 1201, nacía una figura destinada a cambiar el mapa de la península ibérica: Fernando, hijo de Alfonso IX de León y Berenguela I de Castilla. Lo que comenzó como la unión de dos linajes se convirtió, bajo su mando como Fernando III, en la unificación definitiva de los reinos de León y Castilla, sentando las bases de una potencia histórica.

La figura de Fernando III «El Santo» trasciende la simple narrativa bélica. Fue un «ingeniero en la guerra» y un humanista en la paz. Mientras lideraba la recuperación de plazas clave como Córdoba (1236), Jaén (1246) o Sevilla (1248) —tras un asedio épico de dos años—, también sembraba las semillas del saber y la fe. Bajo su impulso nacieron las universidades de Salamanca y Palencia, y se pusieron las primeras piedras de las imponentes catedrales de León, Toledo y Burgos.

Su muerte, acaecida en los Reales Alcázares de Sevilla el 30 de mayo de 1252, no puso fin a su influencia. Su fama de piedad y su integridad política llevaron a su canonización en 1671 por el Papa Clemente X, bajo el reinado de Carlos II. Desde entonces, su cuerpo incorrupto descansa en la Catedral de Sevilla, en una urna de plata que es hoy epicentro de una de las tradiciones militares más solemnes de España.

Aunque la devoción al Rey Santo era centenaria, su vinculación oficial con el Arma de Ingenieros se forjó a principios del siglo XIX. Según documentos custodiados en el Archivo Militar de Segovia, fue el 16 de enero de 1804 cuando el Rey Carlos IV designó a San Fernando como patrón del Regimiento Real de Zapadores Minadores.

La propuesta definitiva llegó un año después. El 29 de abril de 1805, el Mariscal de Campo Antonio Samper solicitó que este patronazgo se extendiera a todo el Real Cuerpo en España e Indias. La aprobación final llegó el 2 de mayo de 1805 de manos de Manuel Godoy, el «Príncipe de la Paz». Desde aquel momento, el Arma de Ingenieros encontró en el Rey Santo su guía moral y profesional.

Hoy en día, la conexión entre el Santo y sus soldados se mantiene viva a través de la liturgia y el ceremonial. Cuatro veces al año, coincidiendo con hitos históricos y religiosos, el sarcófago de San Fernando se abre a la veneración de los fieles.

Es en estas ocasiones cuando el Arma de Ingenieros reclama su puesto de honor. Antaño fue el Regimiento de Zapadores-Minadores nº 3 y más tarde el Regimiento Mixto de Ingenieros nº 2. En la actualidad, es el Regimiento de Guerra Electrónica nº 32 quien entra a «tambor batiente» por la nave central de la Catedral de Sevilla.

El espectáculo es sobrecogedor, una compañía con escuadra de gastadores, bandera y banda hace su entrada por la Puerta de Campanillas. Al sonar el Himno Nacional, se descubre el cuerpo incorrupto del monarca mientras los gastadores, vistiendo los uniformes históricos del Real Regimiento de 1728, montan guardia.

Es el tributo de la tecnología y la milicia moderna a un rey que, hace ocho siglos, entendió que conquistar el futuro requería tanto de la fuerza del brazo como del ingenio de la mente.

San Fernando no solo fue un guerrero; fundó las Universidades de Salamanca y Palencia e inició las catedrales de Burgos y Toledo.

El patronazgo fue aprobado oficialmente por Carlos IV en mayo de 1805, a propuesta de Manuel Godoy.

La onomástica del Santo coincide actualmente con la celebración del Día de las Fuerzas Armadas.

El treinta de mayo se celebra el Patronazgo del Arma de Ingenieros con la advocación al Santo Rey Fernando y que mejor manera que celebrarlo con el brindis de los Ingenieros:

 

Cuenta un antiguo legajo que he conseguido encontrar,

y que logré descifrar con muchísimo trabajo

por estar en lengua extraña, que el Dios Marte, el camorrista,

pasar quiso una revista al Ejército de España.

Una vez que se hizo cargo

 de todo nuestro efectivo se quedo muy pensativo

y exclamó: "¡... les falta algo...!"

Y como tiene en alta estima a nuestra tierra, añadió: "Por si arman guerra

les daré lo que les falta."

Dicho y hecho.

Ese día mismo y en retorta colosal mezcló en proporción igual ciencia, lealtad y heroísmo.

Los vistió de azul y plata, los selló con un castillo

y los mandó a nuestros lares con letreros que decían: ahí va lo que no tenían,

... Ingenieros Militares.

De obra tan sin reproche tan contento el Dios estuvo que en un banquete que hubo en el Olimpo una noche,

cuando de brindar fue la hora, Marte, el Dios de los Guerreros, brindó por los Ingenieros

igual que brindo yo ahora.

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