Cerrado desde 2010, que se dice pronto. Cada vez en un estado más deplorable. Objeto de saqueos, quemas e incluso incursiones ilegales.
El antiguo hospital de la Cruz Roja constituye esa deuda pendiente que va cumpliendo años de una forma indigna.
Lo tenemos a la vista de todos, cada vez más deteriorado, con las ventanas caídas, la entrada ‘luciendo’ los restos de la última quema y sin utilidad alguna. Pero la podría tener si hubiera interés, ganas, consenso y empatía social.
Ayer un ciudadano me trasladaba su pesar por tener semejante edificio en pleno corazón de la ciudad sin poder utilizarlo, por ejemplo, como una residencia de mayores.
Hacen falta, urgen infraestructuras dignas de este tipo, pero los responsables no logran o no quieren dar con la tecla que desbloquee situaciones tan absurdas como tener un antiguo hospital cerrado, sin funcionalidad y que encima se cae a pedazos.
No es práctico, ni tampoco a la propia Cruz Roja le interesa tener ese viejo hospital al lado de unas instalaciones modernas. Mucho menos verse en boca de todos cada vez que se produce un suceso de envergadura como los últimos incendios.
El viejo hospital debe ser utilizado con un fin social y la propia ciudadanía reclama instalaciones que ayuden a cubrir las carencias que hoy existen en este ámbito. Carencias como la falta de suficientes residencias para acoger a mayores y carencias como la ausencia de un albergue que frene las imágenes que tenemos que seguir viendo de personas que, sin techo, no encuentran otro más que la calle.
Quizá sea hora de cumplir con las deudas.






