Escuchaba un programa de radio en el que varias personas sacaban a la palestra temas de interés social. Una denunciaba que en una gran superficie habían prohibido dar comida a los necesitados que esperan al cierre para poder llevarse algo a la boca.
Hasta entonces era habitual que los trabajadores dejaran contenedores de comida próxima a caducar o con mala imagen por deterioro del envase. Otra pedía justicia para los responsables de sacrificar a su perro Excálibur.
Terminada la exposición, llamaron ciudadanos para solidarizarse con los intervinientes y, curiosamente, las tres primeras llamadas fueron para mostrar su indignación por el sacrificio del perro. No me sorprendió, porque sé lo mucho que quieren las personas a sus perros y lo poco que queremos o nos solidarizamos con nuestros vecinos.
Los perros han ido conquistando derechos sin decir una sola palabra, lo que dice mucho del animal, otros animales de dos patas, no paramos de denunciar y vamos perdiendo derechos y poder adquisitivo. Pero la mejor forma de ver hasta dónde han llegado los perros en la conquista de derechos es el relato de ejemplos fáciles de discernir.
Vas paseando por nuestra ciudad y ves a un señor con su perro, este -me refiero al can- hace una parada y agacha su parte trasera para defecar, el otro -me refiero al hombre- observa cómo el can va expulsando las heces y normalmente toman dos opciones -me refiero a los dueños-.
Unos otean su entorno, porque si no ven a nadie a su alrededor, la mierda se queda en el suelo para disfrute de los ciudadanos de Ceuta; otros, toman una bolsa y recogen la mierda para echarla a un lado de la carretera o pasearla hasta encontrar un contenedor. Los otros, los ciudadanos sin perros, esperamos pacientemente la decisión del propietario del can, pero tome la que tome, permanecemos en silencio y seguimos paseando y esquivando cacas de perros por toda la ciudad.
En una zona de ocio hay varios bancos donde los dueños de los canes se sientan mientras sus perros estiran las patas; otras veces se sientan con los perros en el banco -perro y dueño en el banco- sin que nadie proteste al ver al can en el banco, hasta ahí todo normal, pero he visto como molestaban a unos inmigrantes porque se sentaban para abrir unas latas y hacerse unos bocadillos.
Este vecino indignado no se privó y les dijo a los inmigrantes que ese no era sitio para hacerse un bocadillo.
Javier Limón, dueño del perro Excálibur, puso en marcha una iniciativa popular de recogida de firmas y consiguió 400.000 rubricas de ciudadanos que se solidarizaban con la defensa de los derechos del perro. Esto puede parecer una simple anécdota, pero si digo que la Asociación Unificada de Guardias Civiles intento reformar la Ley de Personal a través de una Iniciativa Legislativa Popular donde estaban implicadas otras asociaciones profesionales y no pudo llegar a las 400.000 firmas para presentarlas en la Mesa del Congreso de los Diputados, no estamos hablando de una anécdota perruna.
Vida de Perro es el nombre de una película de Charlot. Éste hacia el papel de un vagabundo que acompañado de su perro tenía que robar comida para sobrevivir. Una mala vida para el amo y el perro. La expresión “Vida de Perro” era sinónimo de muy mala vida. Sin embargo, como se ve, los tiempos cambian y la expresión ha quedado en desuso, o No.
Vivir para ver.





