Las altas temperaturas pueden convertir las noches de verano en Ceuta en un auténtico desafío. Cuando el calor se acumula en el interior de las viviendas, muchas personas recurren al aire acondicionado, al ventilador o a duchas frías para intentar descansar mejor.
Sin embargo, existe una técnica mucho más sencilla que ha llamado la atención por su base fisiológica y que podría ayudar a aliviar la sensación de calor antes de dormir.
La clave no está en enfriar todo el cuerpo, sino en actuar sobre determinadas zonas que desempeñan un papel importante en la regulación térmica. Según explican diversos estudios y especialistas en fisiología, las palmas de las manos y las plantas de los pies pueden funcionar como auténticos radiadores naturales, favoreciendo la disipación del calor corporal.
¿En qué consiste este truco?
A diferencia de otros métodos más agresivos, esta estrategia no requiere temperaturas extremas ni el uso de hielo. Lo recomendable es refrescar las palmas de las manos o las plantas de los pies con agua fresca o mediante paños húmedos durante unos minutos antes de acostarse.
El objetivo es ayudar al organismo a liberar parte del calor acumulado durante el día. Según los expertos, estas zonas del cuerpo concentran vasos sanguíneos especializados que permiten intercambiar calor de manera más eficiente con el entorno.
Por ello, una pequeña reducción de temperatura en estas áreas puede contribuir a generar una sensación de alivio sin necesidad de enfriar todo el organismo.
La recomendación es utilizar agua fresca, no agua helada, ya que el frío excesivo puede provocar una reacción contraria a la deseada.
La explicación científica
La razón por la que esta técnica puede resultar útil está relacionada con el funcionamiento del sistema circulatorio.
Las palmas de las manos y las plantas de los pies contienen estructuras vasculares especialmente adaptadas para transferir calor. Cuando el cuerpo necesita enfriarse, la sangre circula por estas zonas próximas a la superficie de la piel, facilitando la pérdida de temperatura.
Esta capacidad fue analizada en una investigación realizada por los científicos Dennis Grahn, Julie Murray y H. Craig Heller, quienes estudiaron cómo la refrigeración de la palma de la mano podía ayudar a personas sensibles al calor.

Durante el estudio, varios participantes colocaron una mano sobre una superficie refrigerada con temperaturas comprendidas entre los 18 y los 22 grados centígrados, mientras se sometían a esfuerzo físico. Los resultados mostraron una mejora significativa en el tiempo que podían mantener la actividad, lo que evidenció la capacidad de estas zonas para favorecer la disipación del calor corporal.
Aunque el trabajo estaba centrado en otro contexto, sus conclusiones ayudan a entender por qué refrescar las manos antes de dormir puede resultar beneficioso en noches especialmente calurosas.
Por qué no conviene utilizar hielo
Uno de los errores más habituales cuando se intenta combatir el calor es recurrir al hielo directamente sobre la piel.
Sin embargo, los especialistas advierten de que una temperatura excesivamente baja puede provocar la contracción de los vasos sanguíneos, reduciendo precisamente la capacidad del organismo para expulsar calor.
En otras palabras, el cuerpo puede reaccionar cerrando esos canales de intercambio térmico y haciendo menos eficaz el proceso.
Además, el uso directo de hielo puede ocasionar molestias, pérdida temporal de sensibilidad o cambios bruscos en la coloración de la piel.
Por ese motivo, la recomendación pasa por utilizar únicamente agua fresca, compresas húmedas o superficies ligeramente frías, evitando siempre los extremos.
Un recurso útil, pero con límites
Aunque esta técnica puede ayudar a reducir la sensación de calor y favorecer el descanso, no sustituye otras medidas básicas de protección frente a las altas temperaturas.
Mantener la vivienda ventilada durante las horas más frescas, beber agua con frecuencia, evitar esfuerzos innecesarios y reducir la exposición al calor durante las horas centrales del día siguen siendo recomendaciones fundamentales.
Además, los expertos recuerdan que este método no debe utilizarse para tratar un golpe de calor ni situaciones de emergencia relacionadas con temperaturas extremas. En esos casos es imprescindible aplicar las medidas sanitarias adecuadas y buscar atención médica si es necesario.
Lo que sí parece claro es que, cuando el calor dificulta conciliar el sueño, refrescar suavemente las manos o los pies durante unos minutos puede convertirse en una ayuda sencilla, económica y fácil de aplicar en casa, especialmente durante las noches más sofocantes del verano.






