Llegó el VENDAVAL a Ceuta y de nuevo la ciudad quedó aislada por tierra, mar y aire. Alejados de la mano de Dios comprobamos lo débiles que somos, lo vulnerable de nuestra ciudad que depende completamente de la península a todos los niveles: asistencia sanitaria de urgencia, barcos que no pueden realizar los trayectos, helicópteros sin poder volar, desabastecimiento de todo tipo.
Estos vendavales asociados a temporales de Poniente o Levante en el Estrecho que supera habitualmente los 60-70 km/h, nos recuerdan lo dependientes que somos, la nula capacidad para afrontar cualquier catástrofe si se suspende la comunicación marítima o aérea.
¿Contamos con Marruecos? ¿Veremos una aduana comercial que funcione verdaderamente o seguiremos con la pantomima de que España y el país vecino están a partir un piñón?
Como no nos pongamos las pilas, a la más mínima de cambio, Ceuta andará en la cuerda floja y nuestro orgullo pátrio no nos dará de comer.
Si la OTAN no nos defiende, si la relación Marruecos y EE.UU es inmejorable, si el Rey Alauita nos da pellizcos de monja a troche y moche, si no tenemos empresas, si no nos podemos defender, si faltan Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, si la frontera es una chifla, si la sanidad parece el botiquín de la Nancy, si para mover un papel hay que ir a Madrid, si estamos atados de pies y manos para tomar decisiones de calado, si nos dormimos amodorradods por la desidia, el enchufismo, el compadreo, la corrupción y la ucronía, el vendaval nos enseñará sus fauces cada vez que nos visite.
O empezamos a protegernos y a luchar por una Ceuta cualitativamente distinta o ponemos un negocio de pateras por si viene el lobo y tenemos que llegar a Algeciras.
Me viene al pelo eso de “Nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena”.






